Impulsadas por el crecimiento del pódcast en streaming, las networks concentran producción, audiencias y programación, y se perfilan como un modelo de consolidación dentro del ecosistema de los medios digitales.
Por Cynthia Carmen
Al inicio de este año, Data Tube Latam publicó un listado de los creadores más exitosos del 2025 en la plataforma YouTube. Si bien destacan canales de gaming y comedia, dentro del top 10 sobresalen cuatro propuestas dedicadas exclusivamente al pódcast en streaming. Al ampliar la mirada a los 20 primeros lugares, la cifra asciende a nueve canales vinculados a este rubro.
Esta presencia no solo evidencia el crecimiento del pódcast como formato, sino también el auge de las networks, iniciativas que concentran la producción de programas de distintas tipologías bajo una misma marca. Antes de preguntarnos qué es una network, resulta necesario entender qué es un pódcast y cómo ha evolucionado.
De lo sonoro a lo visual
El pódcast nace a inicios de los años 2000 como un formato de audio bajo demanda pensado para la escucha individual. En esa etapa del producto el audio era la esencia del formato, aportando el factor de escucha en el momento deseado a diferencia de la radio. Sin embargo, aunque ya se usaba la toma de vídeo como un elemento complementario al audio, con la llegada de la pandemia se consolidó el videopódcast.
El docente y especialista en pódcast, Ricardo Marapi, concuerda que el punto de inflexión fue la cuarentena. “Muchos de los pódcasts sonoros empezaron a migrar a pódcasts audiovisuales. En el caso del Perú, no pasamos mucho por el pódcast sonoro, la pandemia fue como gasolina al fuego para que de frente empezáramos a hacer pódcast de vídeo”, señala.
YouTube se volvió la plataforma estrella para los videopódcasts, pues actualmente la plataforma reporta que cuenta con la audiencia más amplia a nivel global de consumidores de este formato, logrando cifras de mil millones de usuarios al mes.
No obstante, una de las problemáticas que enfrentaron los creadores fueron los costos de producción, aunque definitivamente eran menores que los que enfrentaba la televisión. “Armar escenografía, pensar en un tema, el proceso de edición y postproducción, a veces era engorroso (…) Por eso, los episodios eran una vez a la semana, una vez cada 15 días”, recuerda Marapi.
Otra dificultad de los pódcasts grabados fue el acceso a la pauta publicitaria. “Salvo algunas excepciones, como La Lengua de Jesús Alzamora, los pódcasts grabados no lograron conectar con las agencias de publicidad, ni con las marcas ni con los anunciantes”, indica el docente.
El avance de la tecnología y la accesibilidad de nuevos equipos para hacer transmisiones facilitaron la migración al formato en vivo. Aunque la lógica de las emisiones en directo ya se asomaba en otro tipo de contenidos como el gaming, se posicionó como un actor narrativo, convirtiendo el contenido conversacional en una experiencia compartida.
En ese contexto, Antonio Crespo, conocido como Furrey en redes sociales, inició su trayectoria en YouTube en 2020 con el proyecto colaborativo NDG (Nos Dicen Gamers), que en sus inicios fue un pódcast grabado. Más de cinco años después, esta propuesta evolucionó hasta convertirse en Todo Good, una network que Data Tube Latam posicionó como el tercer canal peruano de YouTube más exitoso de 2025.
“Nos Dicen Gamers se transformó en Todo Good porque el rubro del gaming en el Perú estaba muy estancado, no había prospecto claro de crecimiento. Ya llevábamos un tiempo haciendo entrevistas y funcionaban (…) Migramos con un nuevo nombre, una nueva mentalidad y un nuevo enfoque”, menciona el comunicador.
El paraguas del canal
En el ecosistema actual, los pódcasts en streaming pueden desarrollarse como proyectos individuales o integrarse a canales que agrupen diversos programas bajo su marca. Estas estructuras, denominadas como networks, concentran producción, audiencia y estrategia, y se han convertido en un modelo de creación de contenido digital. Todo Good, Canal Ya, La Roro Network o GV Play son algunos de los canales que se aventuraron a producir de dos a más programas bajo sus marcas.
“Los canales de streaming tienen una parrilla de programación. (…) Tener un programa en la mañana, en la tarde y otro en la noche. Es decir, replicar la estructura de la radio y la televisión, ya no les bastaba tener un programa a la semana como lo era con los pódcasts grabados”, explica Marapi.
Una de las claves es que si varios programas coexisten bajo un canal, deben estar en sintonía. “Nuestra marca, Todo Good, tiene como enfoque que la gente la pase bien, al igual que nosotros al hacer y ver los programas (…) En nuestro caso, Oh My Good tiene un tono más fresco y juvenil; Habla Good está dirigido a un público mayor y trabajador, y se emite justo después de la hora de almuerzo. Por último, Good Floro mantiene ese enfoque, pero con un tono más satírico y cómico, considerando que se transmite alrededor de la hora de salida del trabajo”, sostiene Crespo.
Este tipo de organización responde a una lógica de optimización de recursos y fidelización de audiencias. Al concentrar varios programas bajo una misma estructura, las networks no solo amplían su oferta de contenidos, sino que también construyen una identidad común, facilitan la producción y expanden las posibilidades de monetización y mayor valor comercial.
“Lo importante es tener programas que apelen a distintos públicos. De repente alguien ve otro de los programas, le gusta y se queda. Así, consume todo el círculo de contenidos. (…) Uno de los beneficios es que, a pesar de que sea en vivo y nos aporte la conexión en tiempo real, quien no pudo verlo podrá hacerlo luego, en la noche o a la mañana siguiente”, señala el conductor.
En este escenario, las networks dejan de ser únicamente plataformas de entretenimiento y empiezan a operar como verdaderos sistemas mediáticos. Con parrillas estables, audiencias fieles y vías de monetización, el crecimiento no depende sólo del contenido, sino de su capacidad para institucionalizarse. El desafío de fondo es claro: pasar de ser proyectos exitosos en plataformas a consolidarse como nuevos medios digitales y con continuidad en el tiempo.
El paso pendiente hacia los nuevos medios
Como ocurre con cualquier formato emergente, su desarrollo es objeto de evaluación constante: se observa cómo evoluciona y si logrará consolidarse en el tiempo o si será solo una tendencia pasajera. Al respecto, Ricardo Marapi identifica contextos que podrían impulsar la aparición de nuevos programas. “La campaña electoral y el Mundial de Fútbol pueden incrementar el interés de los creadores por producir y debatir en este tipo de espacios. No me sorprendería que, hacia finales de 2026, se identifiquen más de 150 canales dedicados al streaming”, menciona.
Por otro lado, al ser consultado sobre qué falta para que el streaming se profesionalice y se consolide como un nuevo medio, y no únicamente como una forma de creación de contenido, Antonio Crespo destaca la necesidad de que los conductores nazcan en el entorno digital.
Desde su perspectiva, experiencias de streaming como la de LUZU TV en Argentina demuestran que el crecimiento del formato está ligado a figuras que se formaron en el streaming y mantienen una relación más horizontal con la audiencia. A su juicio, cuando los conductores provienen de la televisión, el vínculo pierde naturalidad y cercanía.
“La diferencia con un creador digital es que puede ser un chico como tú, haber trabajado en las mismas cosas que tú y haber vivido las mismas experiencias que tú. Al contarlas, te apegas más a ellos. Ese apego sirve muchísimo para el consumo, porque muchas personas consumen contenidos cuando se sienten identificadas, a gusto y parte de un grupo”, precisa Crespo.
En contraste, Ricardo Marapi considera que, aunque la conducción televisiva y la del streaming responden a lógicas distintas, él plantea una mirada más flexible. “Estos conductores de televisión tendrían que adaptarse. Somos seres humanos, así que podemos adaptarnos, pero hay que ser conscientes de la necesidad de adaptarse ante el ecosistema digital”, señala.
En ese marco, el pódcast en streaming y las networks se encuentran en una etapa de transición. Su crecimiento sostenido demuestra que ya no funcionan únicamente como espacios de entretenimiento digital, sino como estructuras que empiezan a asumir dinámicas propias de los medios tradicionales, pero con códigos distintos. Más que una moda del momento, estas propuestas enfrentan el desafío de profesionalizarse y sostenerse en el tiempo como los medios digitales del mañana.
