El primer año de un gobierno impredecible

El mandatario estadounidense cumple 365 días en su regreso a la presidencia en un año donde los aranceles, conflictos internacionales y la inmigración han caracterizado su accionar.

Por Matias Illescas

Hace exactamente un año, Donald Trump se convirtió en el 47° presidente de los Estados Unidos al tomar juramento en el Capitolio. Su segundo mandato iniciaba con las promesas de combatir la inmigración, mejorar la economía y detener la guerra entre Rusia y Ucrania “en 24 horas”.

Además, anunció el inicio de la “edad de oro de Estados Unidos”, y que su país no solo volvería a ser respetado por todo el mundo, sino que sería “la envidia de todas las naciones”. Doce meses después, el impacto de sus decisiones ha sido notorio; sin embargo, ¿qué ha sucedido en el mundo y en Estados Unidos durante este año?

Un multilateralismo debilitado

El inicio del segundo periodo de la administración Trump se caracterizó en gran parte por la imposición de aranceles a una gran cantidad de países en el mundo. La palabra aranceles -palabra del año 2025 según la FundéuRAE– se ha usado como un arma de mediación, llevando a Estados Unidos a enfrentar disputas comerciales con muchas naciones. No obstante, para el internacionalista Francesco Tucci, “Trump utiliza los aranceles para negociar temas que no son económicos”.

El 2 de abril de 2025, la Casa Blanca “celebró” el “Día de la Liberación”, fecha en la que anunció la lista de aranceles para 60 países aproximadamente que iban del 10% al 50%, o 125% en el caso de China. El presidente argumentó la medida afirmando que era necesaria para acabar con los desequilibrios comerciales y “recuperar la riqueza que se le había robado a Estados Unidos”.

“Su proteccionismo va en contra de lo que ha hecho Estados Unidos en los últimos 80 años, con la renuncia a la libertad de mercado y el retorno a medidas aislacionistas internas con aranceles altos. Ha sido un giro de 180 grados en un país que lideraba la liberalización del comercio y que ahora es más bien un abanderado de lo contrario”, afirmó el internacionalista Andrés Paredes.

Además de generar conflictos comerciales, las medidas del presidente Trump podrían estar afectando al multilateralismo que comandaba las relaciones internacionales, según indicó Paredes. Así, Estados Unidos ha dejado de cooperar con las otras naciones y se ha centrado en políticas orientadas únicamente a su beneficio propio. 

“Hay una crisis gravísima del multilateralismo mundial que ya estaba en crisis antes de la llegada de Trump, más bien con él se ha acelerado y ha habido una desintegración de compromisos internacionales por parte del primer actor estatal, el más importante del orden internacional, que es Estados Unidos”, expresó Paredes.

Esta situación genera incertidumbre en el panorama mundial. Es por eso que, de acuerdo con Bloomberg, el dólar ha visto en el 2025 su mayor caída anual desde 2017. El retroceso de la moneda estadounidense, según el índice Bloomberg Dollar Spot, fue de 8.10%, similar al de 2017 que alcanzó el 8.52%. Además, las disputas entre la Reserva Federal (FED) y Trump por la intención del mandatario de bajar las tasas de interés han contribuido a que la moneda se deprecie.

En ese sentido, el presidente de la FED, Jerome Powell, informó que enfrenta una investigación federal con la posibilidad de una acusación penal por parte del Departamento de Justicia. Este conflicto por el control de la política monetaria del país dificulta la estabilización del dólar, afectando indirectamente y en gran parte al resto de monedas del mundo.

No obstante, para Tucci, esta caída del dólar podría ser intencional. “Quiere que la tasa baje porque quiere favorecer la exportación de productos estadounidenses y para eso le sirve un dólar más débil. Tiene un plan”, explicó el experto. De todos modos, la economía no ha sido lo único en lo que ha intervenido. 

Cambios en la política exterior

Una de las promesas de campaña del republicano fue terminar la guerra en Ucrania en las 24 horas posteriores a su elección; sin embargo, doce meses más tarde, la guerra está a un mes de cumplir su cuarto año.  

Tucci consideró que el plan de Trump era hacer perder la guerra a Ucrania, prácticamente ceder el territorio, garantizando su supervivencia y punto. “Claramente un presidente de un país atacado no puede aceptar esto, hay que negociar una salida”, agregó. Mientras tanto, la guerra persiste, pero la paz sigue sin concretarse.

Durante este tiempo, el jefe de la Casa Blanca ha tenido reuniones y conversaciones con Vladimir Putin, presidente ruso, y Volodimir Zelenski, presidente ucraniano, en las que se han abordado diferentes propuestas y borradores de paz. Pero en ninguno de estos encuentros se ha llegado a un acuerdo, principalmente por el tema del territorio ocupado por Rusia.

“Allí hay un fracaso latente y una promesa rota, pero también reconozcamos que el conflicto ruso-ucraniano es complicado y ahí, si solamente fuera una promesa ambiciosa y vacía de Donald Trump, no habría mayor problema. El tema es que también se vuelve una constante con respecto a protagonizar diversos acuerdos de paz que no llevan a situaciones de paz”, expresó Paredes.

La administración Trump también se ha enfocado en solucionar el conflicto en Gaza. El 29 de septiembre de 2025, Estados Unidos presentó un plan de paz de 20 puntos y tres fases que fue aceptado y firmado por Israel y Hamás el 9 de octubre. Durante la primera parte, la intensidad de los ataques disminuyó, aunque el número de víctimas sigue aumentando. Hamás, por su parte, liberó a todos los rehenes que tenía menos a uno, mientras que cientos de palestinos continúan retenidos en cárceles de Israel.

Washington ya anunció que se está abordando la segunda fase del plan, que consiste en el desarme de Hamás, la reconstrucción del territorio gazatí y el establecimiento de un grupo de expertos palestinos que administrará Gaza con supervisión estadounidense. No obstante, hace unos meses, Trump difundió su propuesta sobre dicha región con un proyecto llamado “la Rivera de Oriente Medio”, en el que planteaba tomar el control de la Franja para construir un resort de lujo.

Además, Estados Unidos intervino en el conflicto entre Irán e Israel, desatado en junio, para poner fin a una guerra que duró doce días. Atacó exitosamente tres instalaciones nucleares iraníes y logró que ambos países aceptaran un alto al fuego. Sin embargo, la última incursión militar de la potencia norteamericana –hasta ahora– se dio en Venezuela, con la “Operación Lanza Sur”, que concluyó con la captura del dictador Nicolás Maduro.

Estas intervenciones, sostenidas bajo la idea de “hacer a Estados Unidos grande otra vez” (“Make America Great Again”) y una reinterpretación de la Doctrina Monroe –ahora llamada “Donroe”–, podrían buscar mantener la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental ante la creciente presencia de China en la región.

Para algunos especialistas, este panorama es preocupante, como en el caso de Paredes, quien destacó que “ya no se necesita un casus belli; ahora basta con la voluntad internacional o, en todo caso, con la voluntad y el deseo de Donald Trump, que serían el único freno a sus propias decisiones”.

El “enemigo interno”

Pero la preocupación por sus elecciones no es solo externa. En este primer año de su segundo mandato se han radicalizado las políticas migratorias. El protagonista en ese aspecto ha sido el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés), que ha sumado más de medio millón de deportaciones en los últimos doce meses.

Hace algunas semanas se registró el caso más violento de las intervenciones de ICE. En Mineápolis, un agente mató a disparos a una mujer, Renee Nicole Good, debido a que interrumpió con su vehículo el control migratorio. A partir de este suceso, la ciudad más poblada de Minnesota ha recibido en enero a 3 mil agentes aproximadamente en “la mayor operación de inmigración jamás realizada”, según indicó el director interino de ICE, Todd Lyons.

“Se ha creado un cuerpo oficial de personas con capacidad de matar, arrestar, vulnerar el derecho a la propiedad e ingresar a domicilios, que no pueden ser identificadas ni inculpadas, y que van en carros sin placa. Se trata de los miembros de ICE, una agencia que existía antes de Trump, pero que él ha reforzado porque la considera indispensable para su discurso de ‘combatir al enemigo interno’”, comentó Paredes. 

Uno de los cambios que ha hecho Trump en ese sentido es flexibilizar los requisitos para formar parte de ICE. La duración del entrenamiento previo ha pasado de entre 20 y 26 semanas a 47 días; aprender español ya no es un requisito; la edad mínima para inscribirse se ha reducido de 37 a 18 años, y las exigencias de educación y entrenamiento también se han flexibilizado. Es así como el número de agentes ha incrementado de 10 mil a 22 mil miembros, según anunció el Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés).

“Es una fuerza destinada y preparada con el objetivo de capturar a personas identificadas por su color de piel y por el idioma que hablan y el proceso es secundario a la acción de captura y a la meta, a la cuota que se tiene que cumplir”, expresó Paredes.

En una reciente encuesta elaborada por el medio CBS News y la empresa YouGov, el 61% de los consultados considera que las detenciones por parte de los agentes de ICE es excesiva. En general, las redadas de la agencia cuentan con una desaprobación del 54% y los encuestados creen que las comunidades en las que se llevan a cabo se sienten menos seguras. Además, manifiestan que los inmigrantes que son deportados no cuentan con antecedentes penales.

La mayor prueba del presidente Donald Trump en este segundo año de mandato serán las elecciones de medio término, que definirán si la población estadounidense realmente apoya sus medidas, o si su accionar lo hará perder poder en su propia nación.

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