La doctrina Monroe: el regreso de una vieja política exterior

[Ilustración: Gemini]
[Ilustración: Gemini]

La política intervencionista estadounidense de hace 200 años ha sido reinterpretada por Donald Trump para consolidar la presencia de la potencia norteamericana en el mundo.

Por Igor García y Matias Illescas

Con la incursión de Estados Unidos en Venezuela, que resultó en la captura del dictador Nicolás Maduro, se ha vuelto a poner en debate el intervencionismo estadounidense en otros países y una política exterior de hace casi 200 años: la Doctrina Monroe. Sin embargo, con Donald Trump al mando de la Casa Blanca, esta visión se ha reformulado, dando origen a la llamada “Doctrina Donroe”.

Esta idea ha sido utilizada por distintos presidentes de la potencia norteamericana como forma de justificar su accionar en otros países, con interpretaciones variadas según cada administración. Pero, ¿en qué se diferencia la visión de Trump y qué impacto podría tener esta doctrina en la realidad latinoamericana?

De Monroe a “Donroe”

“América para los americanos” era la frase que usaba el quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe (1817-1825), para advertir a las potencias europeas que no se expandieran ni colonizaran el territorio del continente americano. No está totalmente claro si se refería a Estados Unidos o a toda la región, aunque su perspectiva era principalmente defensiva.

“Depende de cada presidente, pero en general consideraron que el hemisferio debería ser controlado por Estados Unidos para garantizar su seguridad. Históricamente los presidentes hablaron de América Latina como el “patio trasero” de Estados Unidos, sosteniendo que no deberíamos ser susceptibles a la influencia de potencias europeas”, explicó el internacionalista Fabián Vallas.

Así sucedió con el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909), quien adaptó la Doctrina Monroe y promovió una versión más intervencionista conocida como el “Corolario Roosevelt”. Esta sostenía que Estados Unidos podía incursionar en otros países para prevenir la “inestabilidad o mala conducta crónica”. En ese sentido, el presidente Dwight Eisenhower (1953-1961) también aplicó la doctrina, pero se justificó en una lucha contra el comunismo y la influencia soviética.

Dicha política, que en el pasado llevó a Estados Unidos a intervenir en países como Nicaragua, Cuba, Chile o Haití, es usada ahora por el presidente Donald Trump para justificar su participación en conflictos externos como una forma de “frenar los avances de China”.  Por ello, el 1 de enero de este año emitió un comunicado, anunciando el restablecimiento de la Doctrina Monroe y la lucha contra “competidores extra hemisféricos”, dando origen a la llamada “Doctrina Donroe”.

“Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la superioridad estadounidense en el hemisferio occidental, proteger el territorio nacional y garantizar su acceso a zonas geográficas clave en toda la región. EEUU impedirá que competidores extra hemisféricos puedan posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, así como poseer o controlar activos estratégicamente vitales en el hemisferio occidental. Este “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe constituye una restauración sensata, además de contundente, del poder y de las prioridades estadounidenses, en consonancia con los intereses de seguridad nacional del país”, informó el comunicado.

De esta manera, el 3 de enero Estados Unidos intervino en Venezuela y capturó al dictador Nicolás Maduro. La situación llevó a algunos a cuestionar la legalidad del acto frente a la política internacional, pero el presidente Trump reafirmó su interés en “proteger el continente”.

Para Vallas, esta es la forma de Washington para combatir con la influencia china en la región. En la misma línea, el periodista especializado en política internacional, Carlos Novoa, explicó que lo que ha venido haciendo Estados Unidos con Trump desde hace un año es cambiarle la cara a su país para «hacerlo grande», según su eslogan.

“Busca el control externo de todo, a nivel geopolítico, comercial y militar, evidentemente, lo cual significaría para él un éxito al presentar a Estados Unidos como máxima potencia mundial imponiendo sus condiciones”, complementó Novoa. La intervención de Estados Unidos, sin embargo, no se centra únicamente en el ámbito militar, sino que el mandatario estadounidense ha buscado participar en otros aspectos en sus relaciones con los países de América Latina.

Latinoamérica en la mira

Aunque a partir de este año se oficializó el restablecimiento de la doctrina Monroe, esto no significa que Estados Unidos no haya intervenido previamente, al menos políticamente, en distintos países latinoamericanos. Antes de su formalización, el país norteamericano ya había ejercido influencia política en la región, particularmente a través de su participación indirecta en procesos electorales.

Durante las elecciones del 2025, el presidente estadounidense apoyó abierta y discretamente a diversos candidatos en países de América Latina, quienes finalmente resultaron vencedores en sus respectivos comicios. En el caso de Honduras, el candidato respaldado fue Nasry Asfura, quien antes del apoyo no encabezaba las encuestas.

En Chile, José Antonio Kast obtuvo una cómoda victoria electoral. Y en Argentina, durante las elecciones de medio término, La Libertad Avanza, partido liderado por Javier Milei, fue la fuerza más votada del país, logrando expandir su bancada en el Congreso. 

“Apoyé al presidente que ganó en Honduras, a la persona que ganó en Chile, a la persona que ganó en Argentina, y nosotros estamos muy bien con todo ese grupo de gobernantes”, afirmó Trump en la rueda de prensa poscaptura de Maduro.

Los líderes apoyados comparten una ideología similar a la del mandatario norteamericano: son conservadores y de ultraderecha. En contraste, sus principales contendores provenían de la derecha moderada o de la izquierda. “En las elecciones de Argentina, Trump dijo directamente que si no gana Milei, no iba a dar apoyo económico para salir de crisis. Además, se ha sentido muy cómodo con el triunfo de Rodrigo Paz en Bolivia. Está reconfigurando una esfera favorable a él”, aseguró Vallas.

En ese sentido, los estados más propensos a ser afectados de manera directa por esta doctrina, de acuerdo con Novoa, son los países de corte progresista, los gobiernos de izquierdas y los que tengan un discurso antiimperialista. “A partir de eso, Colombia y México han moderado su discurso antiimperialista, porque existe el temor de que pueda ocurrir una nueva incursión militar”, afirmó el experto.

Actualmente, Donald Trump busca ampliar su influencia mediante una agenda de carácter expansionista. El mandatario estadounidense ha reiterado en diversas ocasiones su intención de anexar nuevos territorios a Estados Unidos, entre ellos Canadá, el Canal de Panamá y Groenlandia. Asimismo, se ha negado a descartar el uso de medidas militares o económicas para lograr el control de estos territorios.

Desde la captura de Nicolás Maduro, Trump ha lanzado amenazas de manera constante contra países tanto de América Latina como de otros continentes. Además de las naciones que pretende integrar a su país, también ha advertido a varios estados europeos —como Dinamarca, Alemania, Francia y el Reino Unido— sobre la posible imposición de aranceles del 25% hasta que Dinamarca acepte vender Groenlandia a Estados Unidos.

¿Y el Perú?

Con la clara intención de Trump de ejercer un mayor control sobre América Latina, no resulta sorpresivo que también busque influir en el Perú, país que alberga el principal hub comercial de Sudamérica con Asia: el puerto de Chancay. Una infraestructura estratégica que supone una mayor presencia de China en la región. 

En ese contexto, el pasado jueves 15 de enero, el Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó la venta de equipamiento militar, así como servicios de apoyo técnico y logístico, por un valor aproximado de 1,500 millones de dólares al Gobierno del Perú. La operación tiene como objetivo respaldar la construcción de una nueva base de la Marina de Guerra del Perú en el puerto del Callao y reforzar otras capacidades logísticas estratégicas. 

Este puerto se encuentra, aproximadamente, a 100 kilómetros del puerto de Chancay. Según Vallas, Estados Unidos “está interviniendo tanto por motivos políticos como de seguridad. “Su injerencia ya no se limita a América Central, sino que se ha extendido a Sudamérica, con diversos casos”, destacó.

Esta autorización se produjo luego de que, en diciembre pasado, el presidente de Estados Unidos designara al Perú como “aliado principal no miembro de la OTAN” ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense. La condición es compartida con países como Argentina, Colombia y Brasil.

No obstante, aunque esta designación refuerza el vínculo político y militar entre ambos países, también podría colocar al Perú en una situación compleja. China, una potencia rival de Estados Unidos, ha sido el principal socio comercial del país durante once años consecutivos en el marco de una relación que ha beneficiado a ambas partes, especialmente desde la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio (TLC) en 2010.

“Para el Perú, en relaciones comerciales es mucho más importante China que Estados Unidos. Alrededor del 44% de nuestras exportaciones van a China, comparado al 11% o 12% que va para Estados Unidos”, señaló el internacionalista Vallas. Asimismo, sostuvo que el país norteamericano relegó a Sudamérica durante años al concentrarse en Medio Oriente y otras regiones estratégicas. “Esta nueva doctrina ya está poniendo a China como el adversario que hay que combatir”, añadió.

En conjunto, la llamada “Doctrina Donroe” refleja un giro más agresivo de la política exterior estadounidense, que combina intervenciones, presión diplomática y alineamientos ideológicos para frenar la influencia de China y reconfigurar el poder en América Latina. Para países como el Perú, esta estrategia implica un delicado equilibrio entre intereses económicos y compromisos geopolíticos, en un escenario donde las decisiones ya no responden solo a dinámicas comerciales, sino a una disputa global por el control del continente.

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