El cambio en la búsqueda de información

[Ilustración: Boy Anthony]

Hoy Wikipedia cumple 25 años y reafirma su vigencia como la gran enciclopedia digital en un escenario cada vez más dominado por la inteligencia artificial, donde la forma de buscar y procesar la información se ha reconfigurado.

Por Igor García

En el pasado, el conocimiento se grababa en tablillas de arcilla o se desenrollaba en rollos de papiro, custodiados en bibliotecas míticas como las de Alejandría, Pérgamo o Nínive. Con el paso de los siglos, emergió la forma más emblemática del saber moderno: el libro, un objeto que perduró en el tiempo y encontró en las bibliotecas su hábitat natural. Lejos de perder vigencia, existen alrededor de 2,8 millones de estos santuarios del conocimiento en todo el mundo, según la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias.

Con la llegada de internet, el acceso al conocimiento se transformó por completo. La información empezó a circular en un ecosistema digital compuesto por más de 1.100 millones de páginas web, de las cuales cerca de 200 millones permanecen activas. Décadas después, la irrupción de la inteligencia artificial volvió a reconfigurar nuevamente el panorama, modificando la forma en la que las personas buscan y procesan la información. ¿Qué representa este cambio para nosotros?

La gran biblioteca digital

“Siempre imaginé que el paraíso era algún tipo de biblioteca”, dijo Jorge Luis Borges. Durante décadas ese ideal estuvo representado por los libros físicos. Hoy, en cambio, se traslada al entorno digital.  La web alberga millones de páginas, pero solo unas cuantas se han consolidado como referentes para quienes buscan datos, contexto y conocimiento.

Plataformas como Brainly, Encyclopedia, o Yahoo Respuestas —antes de su cierre definitivo en 2021— fueron durante años espacios recurrentes, sobre todo entre estudiantes y académicos. Sin embargo, ninguna alcanzó el nivel de reconocimiento, alcance e influencia de Wikipedia, considerada la principal fuente de información digital del mundo por años.

Con presencia en más de 300 idiomas y cerca de 60 millones de artículos, Wikipedia se convirtió en la primera enciclopedia de libre acceso y edición colaborativa en internet. Este 15 de enero cumple 25 años desde su creación, un aniversario que refleja no solo su permanencia en el tiempo, sino también su impacto global. En 2022, la plataforma figuró como una de las páginas más visitadas del mundo y lideró el ranking de sitios web en 43 países.

“En Wikipedia hay un ejercicio permanente de curaduría de datos (…). La información que está allí tiene autoría. Hay un registro de cambios, hay un esfuerzo por un equipo que, muchas veces, son entusiastas de tener la data actualizada”, asegura Eduardo Ojeda, expertos en ecosistemas digitales, recalcando uno de los principales valores de la plataforma, que radica en su modelo de edición colaborativa. 

Pese al surgimiento de nuevas páginas web y al avance acelerado de tecnologías como la inteligencia artificial, Wikipedia mantiene su relevancia como fuente dentro de internet. Para Ojeda, esto se debe a también su factor humano. “Sus colaboradores son personas entusiastas de la rigurosidad y la precisión. Eso es algo que la IA no puede reemplazar fácilmente. Si se detecta un error en una respuesta generada por IA, esta no se corrige por sí sola”, explica. En cambio, en Wikipedia existe una comunidad atenta que revisa, discute y enmienda. 

Según cifras oficiales de la plataforma, la enciclopedia cuenta con alrededor de 13 mil colaboradores activos y cada día se crean cerca de 200 nuevos artículos, un ritmo que confirma la vigencia del proyecto incluso en un ecosistema digital en permanente transformación. A ello también se suma un alto nivel de consumo. En 2025, Wikipedia registra aproximadamente 26 millones de visitas diarias, lo que equivale a unas 312 consultas por segundo.

La nueva era

La inteligencia artificial evoluciona a un ritmo acelerado y cada año se integra con mayor fuerza en la vida cotidiana. De acuerdo con un estudio de McKinsey, el 88 % de las organizaciones a nivel mundial ya ha incorporado la IA en al menos una función de negocio. A ello se suma que, según el informe Global AI Adoption 2025, el 16,3 % de la población mundial utiliza actualmente herramientas de inteligencia artificial generativa.

Este avance también ha transformado la manera en que las personas buscan y consumen información escrita. Antes, quien necesitaba encontrar un dato específico o profundizar en un tema debía recurrir a libros o navegar por distintas páginas web hasta hallar una respuesta satisfactoria. Hoy, en cambio, basta con formular una pregunta a una herramienta de IA para obtener una respuesta inmediata y sintetizada.

“Es un cambio casi filosófico en el consumo de información. Antes, yo construía mi propia síntesis; ahora, la IA lo hace por mí, y sus criterios no necesariamente coinciden con los míos (…). La IA me entrega los datos que considera importantes, no necesariamente aquellos con los que yo me quedaría después de leer y analizar la información completa”, explica Ojeda. 

Si bien su uso resulta más eficiente y rápido, la inteligencia artificial no es una herramienta completamente fiable y presenta riesgos ya identificados. Según Ojeda, uno de los principales problemas es la falta de trazabilidad. Si le pides a la IA las fuentes de la información que te proporciona, puede dártelas, pero no necesariamente coinciden con lo que afirma. Incluso existe la posibilidad de que invente referencias.

A ello se suma que la información que ofrece no siempre es precisa, ya que “la IA no discrimina, recoge todo lo que encuentra en internet y lo resume”, resalta el especialista.

No obstante, estas limitaciones no anulan su utilidad. “La IA es excelente para solicitar fuentes y, a partir de ahí, sacar tus propias conclusiones. Es una herramienta de exploración, no de confirmación de datos”, asegura Ojeda, quien enfatiza que esta distinción debería quedar clara en el uso cotidiano de estas tecnologías.  

Consecuencias cognitivas

Con el paso de los años, hemos transitado de una cultura de investigación a una de consulta inmediata. Este cambio no solo transforma la manera en que accedemos al conocimiento, sino que también impacta en los procesos internos de las personas, especialmente en el plano cognitivo. Según un estudio del MIT Media Lab, los usuarios de ChatGPT presentaron hasta un 55 % menos de conectividad neural en comparación con quienes escribieron sin asistencia de inteligencia artificial.

La memoria es otro de los aspectos más afectados. El mismo estudio revela que el 83 % de los usuarios de IA fue incapaz de recordar el contenido de los ensayos que acababan de redactar.  

“La inteligencia artificial reduce el esfuerzo de búsqueda, disminuye la capacidad de sostener este proceso largo de reflexión, pero también favorece una atención más superficial. En lo que refiere memoria, antes buscábamos, leíamos, comparábamos, sintetizábamos. Hoy preguntábamos, recibimos y usamos. Esto nos lleva a tener menor memoria de trabajo implicada”, comenta la logoterapeuta Jackie Larrieu.

La forma de interactuar con la información también plantea el riesgo de un aprendizaje superficial. Al delegar gran parte del proceso cognitivo a la inteligencia artificial, el conocimiento deja de integrarse y consolidarse, para convertirse en un insumo de consumo inmediato. Como advierte Larrieu, la persona puede aceptar respuestas sin cuestionarlas, reducir su propio análisis y recurrir con frecuencia al “copiar y pegar”, lo que incrementa la dependencia cognitiva y debilita la conciencia crítica. 

No obstante, el impacto de la inteligencia artificial no es necesariamente negativo si se utiliza de manera consciente. De acuerdo a la logoterapeuta, si es empleada como una herramienta de apoyo, puede liberar recursos cognitivos antes destinados a tareas mecánicas, ampliar el acceso al conocimiento y facilitar la comprensión de relaciones complejas. Además, su uso reflexivo puede potenciar la creatividad y la metacognición, siempre que el usuario mantenga un rol activo, en el que cuestione y reflexione sobre la información, en lugar de aceptarla de forma automática.

En este escenario, el desafío no es elegir entre Wikipedia o la inteligencia artificial, sino aprender a usarlas de forma crítica. Mientras una apuesta por la construcción colectiva y trazable del conocimiento, la otra ofrece rapidez y síntesis. El reto es no renunciar a la reflexión, el contraste de fuentes y el pensamiento propio.

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