Millones de estudiantes peruanos siguen sin acceso a libros ni espacios de lectura en sus colegios, pese a que la ley ya obliga a implementarlos.
Por Alexia Alegría
El 10 de noviembre se conmemora en el Perú el Día Nacional de la Biblioteca Escolar, una fecha que busca resaltar la importancia de estos espacios en la formación de los estudiantes desde la infancia. Sin embargo, más que un motivo de celebración, esta efeméride abre una discusión urgente: la gran mayoría de colegios en el país no cuenta con una biblioteca escolar activa, lo que limita el derecho de los niños a acceder a libros, materiales de consulta y entornos de lectura para un desarrollo académico y personal.
De acuerdo con el Censo Educativo 2024, apenas el 8% de los colegios públicos dispone de una biblioteca escolar. Pero, en el caso de los privados, la cifra es aún más alarmante: menos del 1% tiene un espacio destinado a este fin. En regiones rurales como Huancavelica, Amazonas o Loreto, el acercamiento es casi inexistente: menos del 2% de las escuelas tiene una biblioteca activa. En cambio, en Lima Metropolitana la cobertura alcanza un 15% que evidencia una brecha estructural entre el centro y las periferias.
Estos números revelan una brecha estructural en el sistema educativo, pues mientras algunos niños logran acceder a libros en casa o en colegios mejor equipados, millones crecen sin contacto con áreas que fomenten la lectura y la investigación. Sin libros y sin mediadores, los estudiantes dependen exclusivamente de lo que ofrece el aula, lo cual limita sus posibilidades de adquirir habilidades críticas y analíticas.
Para Juan Yangali, jefe institucional de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), esta situación refleja un problema que va más allá de los recursos. “Durante años, las bibliotecas escolares han estado en el limbo. Tienen presupuesto, pero no una dirección que las gestione. Y eso hace que la política pública no se ejecute”, advirtió.
Asimismo, el experto complementó que, cuando la BNP dependía del Ministerio de Educación, existía una Dirección de Bibliotecas Escolares, pero esta desapareció tras la creación del Ministerio de Cultura en 2010. Desde entonces, el país opera sin un ente rector que impulse políticas bibliotecarias sostenibles en las escuelas.
La BNP intentó revertir esta situación en marzo de 2025 con la aprobación de la Resolución Jefatural N.º 000046-2025-BNP, la cual establece condiciones básicas para la implementación y funcionamiento de las bibliotecas escolares. Esta norma, publicada después de veinte años sin actualizaciones en la materia, obliga a los colegios de Educación Básica Regular a contar con bibliotecas que cumplan con estándares mínimos: espacio adecuado, mobiliario apropiado, colecciones pertinentes y personal capacitado.
El objetivo es beneficiar a más de tres millones de estudiantes, de los cuales 92 mil viven en distritos rurales donde las carencias educativas son más marcadas. A la par, el Ministerio de Educación anunció en agosto de 2024 la renovación de bibliotecas escolares en 45,620 colegios públicos mediante la entrega de 18,458,584 libros nuevos, beneficiando a 5.5 millones de estudiantes de primaria y secundaria.
La medida, una de las más ambiciosas en los últimos años, busca modernizar las colecciones y poner a disposición de los escolares materiales actualizados. Sin embargo, entregar libros sin garantizar entornos adecuados ni bibliotecarios formados puede dejar la iniciativa a medio camino.
Para Yangali, esta falta de articulación institucional es uno de los mayores problemas. “Las bibliotecas escolares en este momento están huérfanas, no tienen una cabeza que las dirija. El Ministerio de Educación tiene la competencia y el presupuesto para hacerlo, pero no tiene una dirección de bibliotecas escolares. La BNP no puede implementarlas salvo algún convenio”, afirmó.
De acuerdo con el funcionario, existe la Ley 31053 que otorga presupuesto anual para la implementación de bibliotecas. De ahí, 16 millones son para el Ministerio de Cultura, con el objetivo implementar bibliotecas públicas, espacios de lectura, estímulos económicos, y otros 16 millones, exclusivamente, para el Ministerio de Educación, para actividades vinculadas a la implementación o mejora de bibliotecas escolares físicas o digitales.
Sin embargo, el MINEDU no lo está ejecutando porque no tiene una dirección. “La BNP no puede implementar bibliotecas escolares, salvo algún convenio, como se ha hecho, pero no de oficio”, denotó Yangali.
La dra. Elizabeth Huisa Veria, docente principal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y especialista en Bibliotecología, sostuvo que el problema es más complejo de lo que parecen indicar las cifras. “Reflexionar sobre el Día de la Biblioteca Escolar es tomar en cuenta la importancia de cerrar brechas de desigualdad social, cultural y educativa. Desde el inicio estamos marcando diferencias: algunos colegios tienen buenas bibliotecas, pero en la mayoría no existe ni un espacio, y eso limita las oportunidades de los niños”, explicó la doctora.
Su diagnóstico coincide con lo que muestran las evaluaciones internacionales. En las pruebas PISA, el Perú se ubica entre los últimos lugares de la región en comprensión lectora. Según Huisa, esto está relacionado con la ausencia de bibliotecas escolares. “Podemos saber leer, pero no comprendemos lo que leemos. Y si desde la primera etapa no se fomenta el hábito de lectura, al llegar a la universidad o al ámbito técnico los jóvenes arrastran serias dificultades”, afirmó.
En otras palabras, sin bibliotecas escolares, los niños crecen con una alfabetización incompleta que afecta su desempeño académico y profesional a futuro. En esa misma línea, Yangali subrayó el impacto de estos espacios en la formación de los niños. “La comprensión lectora es transversal a todos los cursos, a todas las asignaturas, no es solo comunicación”, comentó.
Asimismo, agregó que la persona que comprende lo que lee va a comprender un libro de texto, de ciencia, de medicina, de química o de matemática. “Una persona puede no leer literatura, pero puede entender y escribir muy bien en las áreas que le sean de su interés”, resaltó Yangali.
Por otra parte, la falta de bibliotecas escolares también es un reflejo de las desigualdades estructurales y este se refleja a nivel regional. En Arequipa, 12% de las escuelas públicas tienen bibliotecas; en Cusco, solo 4%; y en Tumbes, 6%. En comparación, Chile y Colombia superan el 70% de cobertura en bibliotecas escolares gracias a políticas nacionales iniciadas hace más de dos décadas. En México, el programa “Bibliotecas de Aula y Escuela”, vigente desde 2018, renueva anualmente las colecciones en todos los niveles educativos.
En este contexto, invertir en bibliotecas escolares es más que una política educativa: es una apuesta por la equidad. Según datos de la BNP, en lo que va del 2025 se inscribieron 149 en el Registro Nacional de Bibliotecas, elevando el total de 211 a 360 en todo el país. Aunque el avance es significativo, aún es insuficiente frente a las más de 40 mil escuelas que existen en el Perú.
Un estudio del Banco Mundial en 2023, señala que por cada dólar invertido en programas de lectura temprana y acceso a bibliotecas, los países pueden obtener hasta 16 dólares en retorno económico, gracias a la mejora en productividad y en inserción laboral de los futuros profesionales. Este tipo de datos refuerza que la discusión sobre bibliotecas escolares no debería centrarse en si son costosas, sino en cuánto se pierde como país al no invertir en ellas.
No obstante, la articulación institucional sigue siendo un reto pendiente. Para la dra. Huisa, uno de los problemas es la falta de coordinación entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura. “Necesitamos que los ministerios se sienten y elaboren políticas en conjunto. Si no trabajamos de manera articulada, todo queda en esfuerzos aislados”, advirtió. Su observación refleja la urgencia de diseñar políticas de Estado y no solo iniciativas temporales.
El impacto de una biblioteca escolar va más allá de los índices académicos. Se trata de un espacio que fomenta la imaginación, la creatividad y la investigación autónoma. Además, puede convertirse en un lugar inclusivo donde niños de distintos contextos compartan recursos y experiencias. En zonas rurales, donde la carencia es más profunda, una biblioteca escolar puede ser también un centro comunitario abierto a las familias, multiplicando su valor social.
En palabras de Yangali, ello se entiende como democratizar la cultura o la lectura. “Tenemos que buscar una auténtica democratización de la cultura. Hay quienes tienen más acceso, hay quienes tienen menos, y una democratización es la mayor señal de inclusión”, complemnetó. Por ello, según Yangali, a través de la lectura, los estudiantes pueden ejercer mejor su ciudadanía y desarrollar un mayor juicio crítico que los lleve a tomar mejores decisiones.
La inversión, sin embargo, no puede ser esporádica. Como recordó Huisa, los alumnos son como sus hijos. “Las autoridades tienen que ponerse una mano en el pecho y otra en el bolsillo para decir: ‘debo invertir en ti y en tu futuro’. Su llamado resume la urgencia de un compromiso sostenido que asegure la permanencia y funcionalidad de las bibliotecas”, recalcó. No se trata solo de construir espacios, sino de garantizar que sean usados, mantenidos y renovados de manera constante.
El Día Nacional de la Biblioteca Escolar no debe quedarse en una fecha simbólica. Es una oportunidad para exigir que se cumpla con lo que la norma ya ordena: que cada colegio cuente con una biblioteca en funcionamiento.
Porque invertir en bibliotecas escolares es invertir en igualdad, en calidad educativa y en el futuro del país. Sin estas áreas, el Perú seguirá arrastrando déficits que se reflejarán en sus estudiantes, en sus profesionales y, en última instancia, en su desarrollo como nación.
Trabajo realizado en el curso de Técnicas para reportajes 2025-2
