Francisco Lombardi: “Hoy la gente quiere entretenimiento, no desea películas que generen mucha reflexión”

[Foto: Andina]

El director peruano de éxitos como “La boca del lobo”, “Tinta Roja” y “La ciudad y los perros” conversó con Nexos sobre su última película “El corazón del lobo”, así como los retos del cine nacional y aquellos momentos que marcaron su vida.

Por Rafael Ortega Alva

El director peruano volvió a aparecer en los cines con su último largometraje, El corazón del lobo, una historia que regresa a las épocas del conflicto armado interno, ahora desde una perspectiva diferente. Sin embargo, el ganador del premio Goya y miembro de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, también enfrenta múltiples desafíos para seguir haciendo arte en el país.

Por eso, en Nexos conversamos con Francisco Lombardi, para saber más sobre su última obra, los problemas que enfrenta, algunos de los momentos más importantes de su carrera y sus proyectos futuros. 

El corazón del lobo, a diferencia de La boca del lobo, es ponerte en el delicado terreno que significa Sendero Luminoso, ¿cómo te preparaste para contar esta historia?

Tenía una deuda conmigo de acercarme al mundo de esta etapa de la historia del Perú. Siempre estuvo pendiente en mí encontrar una historia que me ayudara a mirar el tema desde otra perspectiva. Leí novelas y cuentos hasta que llegué al libro de Carlos Enrique Freyre, El miedo del lobo. Ha sido relativamente fácil la creación de la historia porque adapta un libro, pero el principal esfuerzo ha sido encontrar un equilibrio entre los hechos reales y la ficción.

Es interesante que para esta película hayas traído un reparto bastante nuevo…

Eso fue precisamente lo que le pedí. Necesitaba rostros nuevos. Para introducir al público a este universo poco conocido que de Sendero no podían ser personas que recuerden a otros personajes de televisión, teatro y otras películas. Realmente me he quedado sorprendido con la cantidad de gente que no tiene oportunidades y que están con su talento esperando su ocasión. Espero que esta película sea el granito de arena que les permita desarrollarse. 

La boca del lobo en su momento generó controversia por el tema que abordó, ¿cómo sientes que ha sido receptada esta nueva película?

Ha sido bien aceptada en general. He intentado que la película sea bastante accesible, sobre todo para ese público joven que no vivió los años de Sendero Luminoso. Para ser una película de este tipo nos estamos acercando aproximadamente a los 100.000 espectadores. De todas formas, me hubiera gustado que fuera más gente. Entiendo que es un tema que resulta incómodo a diferencia de otras películas comerciales, pero es importante la memoria para la construcción de una identidad nacional.

¿Se ha perdido el espacio para la incomodidad dentro del cine? 

Por lo menos se ha perdido el público para ese tipo de historias. Hoy la gente quiere entretenimiento. No desea productos que generen mucha reflexión…

Es curioso que entonces quieras hacer una película para un público joven teniendo en cuenta que sus gustos van por otros lados…

Creo que es en general, no solo en Perú. Todo está muy inclinado a lo que es el entretenimiento puro en el cine. Es la tendencia. Desgraciadamente, la gente utiliza su tiempo de ocio para salir de sus tensiones y no para enriquecerse intelectualmente. Ven el cine como un espacio de diversión.

¿Y no fue siempre así?

Antiguamente no. Recuerdo que en Lima había varios cines que te ofrecían alternativas. Daban películas de otros países, productos más independientes. En los años 70 y 80, vivía en el Centro de Lima y allí tenías el Cine París para las obras europeas o el Cine Bijou para las de Europa del Este y películas rusas. Había muchos cine-clubs y la gente iba masivamente. Todo eso se ha perdido.

¿No te has preguntado por qué?

El primer enemigo fue la televisión y fue fuerte. Ahora es el streaming y las redes sociales. Actualmente, hay mucho espacio para que las personas dediquen su tiempo libre y el cine ha quedado un poco apartado. Ese es el desafío que tenemos los cineastas. Acercarnos a los 100.000 espectadores en una película como El corazón del lobo me parece algo rescatable y valioso. 

¿No crees que quizás el público joven se ha olvidado de quién es Francisco Lombardi? 

Puede ser. Me sorprendió hace unos días un video de un festival de cine donde mucha gente joven dijo que su película peruana favorita era La boca del lobo. Hubo un tiempo en el que estuve en una escuela de cine y allí sí sentí una desconexión. Recuerdo que hicimos algunas proyecciones de mis películas y vino muy poca gente. Pero encuestas como esa me hacen pensar que esa sensación no es tan aguda como pensé. He hecho muchas películas y se han quedado en el recuerdo. Esas son las que terminan sobreviviendo.

Existen varias personas que argumentan que ya tenemos suficientes películas alrededor del conflicto armado interno, ¿cuál crees que es la necesidad de seguir contando estas historias?

La vez pasada conversaba con Ricardo Bedoya sobre eso y, en realidad, se han hecho pocas películas sobre el terrorismo. En específico, sobre Sendero, son todavía menos. Además, son 20 años de nuestra historia. Hay un millón de cosas por contar. Aun cuando el público no está interesado en esas historias, los cineastas no debemos dejar de seguir escarbando momentos importantes de nuestra memoria nacional.

¿Es una generalización del cine peruano?

Así es. En el Perú hay varios cines, diferentes unos de otros. Existen de tipo industrial, generalmente comedias, pero también cine regional, u obras de directores como Josué Méndez y Eduardo Mendoza. Al generalizar se comete un error, básicamente de desconocimiento. 

El pasado primero de noviembre se cumplieron 25 años del estreno de Tinta Roja, ¿qué es lo que más te llevas de esa película? 

Tomé ese proyecto porque trabajé en el diario Correo en su etapa inicial y trabajé en el periodismo durante unos años. Entonces, cuando leí la novela de Alberto Fuguet, me sentí muy cercano a esos personajes y a ese mundo. Creo que mientras un cineasta se siente más cercano a la historia que va a tratar, es donde aparece más verdad en la película.  

¿Recuerdas esa etapa en Correo? 

Claro. En mi familia somos de Tacna. Cuando mi padre vino a Lima empezó a trabajar en el diario y en la época en la que él empezó, yo era un adolescente. Conforme pasaron los años también comencé a trabajar en el mismo lugar que él. Primero como practicante, luego como redactor y al final como crítico de cine, cuando tenía unos 20-22 años. Conozco bien ese mundo. Seguro hay cosas que han cambiado, pero lo esencial en el periodismo no.

¿No será que tus películas se mantienen en el tiempo porque los temas que tocas todavía los tenemos pendientes?

Es probable. Me parece también que es porque se trata de un cine más clásico. Hay más películas que se mantienen a pesar de sus años, como La ciudad y los perros o Pantaleón y las visitadoras, donde he visto mucha gente interesada. Me parece que es porque se sienten más actuales por sus temas y personajes que siguen teniendo vida.

¿Hay alguna película con la que sientes que el público fue injusto? 

Sin duda, Ojos que no ven. Es una de mis películas favoritas personalmente y tuvo, inmerecidamente, 60 mil espectadores en una época en que iba más gente a ver cine nacional. Era una época todavía en que se podía aspirar a que una película peruana convocara bastante público. Afortunadamente, la película sí tuvo bastante reproducción internacional y eso compensó un poco que haya pasado desapercibido en su momento en Perú.

¿Y ahora qué proyecto tienes en mente?

Me interesa mucho la adaptación de unos cuentos del escritor brasileño Rubem Fonseca. Llevo años y no logro financiarlo. Se llama Cautivos y es una película muy distinta a lo que he hecho. Sé que es de difícil aceptación por un público masivo, pero es un proyecto que me dan ganas de hacer. A estas alturas intento hacer, además de un cine con un público más amplio, historias que sé que son un poco más particulares e íntimas.

¿Cuándo dejaste de pensar en el gran público y empezaste a trabajar proyectos más personales?

Me interesa hacer las dos cosas. Depende del momento. El hecho de que existan historias distintas a las que he hecho es algo desafiante y eso es estimulante. Hay proyectos, lo que no hay es dinero. No hay financiamiento. Eso es lo duro del cine hoy en el Perú.

¿Ya no tienes apoyo?

Mira, antes, cuando hacía una película y cuando había mucho público interesado en el cine, contábamos con la taquilla. Era fácil convencer a un inversionista. Hoy eso no se puede, salvo que sea algo muy comercial, como una comedia, o, por ejemplo, Chavín de Huántar, que están hechas específicamente para hacer dinero. El cine que se hacía antes ya no se puede hacer. Ha cambiado mucho el gusto del público. 

¿El valor narrativo es casi incompatible con el factor económico?

Sí. Eso ha cambiado mucho. Por ejemplo, El corazón del lobo no puede pensar tanto en la taquilla. Nos costó aproximadamente 400.000 dólares. No fue fácil de hacer. Grabamos fuera de Lima, contamos con muchos extras y usamos efectos especiales. Con 100.000 espectadores, es una película que va a ir a pérdida. Sin embargo, es una película con un propósito determinado y, si el mensaje ha calado, creo que nos debemos sentir satisfechos.

Cuando miras tu filmografía, ¿crees que ya hiciste tu mejor película?

Cambia con el tiempo. La Boca del Lobo es la que más se ha sostenido en el tiempo. Diría La ciudad y los perros, Caídos del Cielo y Bajo la piel también. Personalmente, diría una de esas cuatro.

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