Un gigante adormecido: 80 años de la ONU

[Composición: Cynthia Carmen / Chat GPT ]

Entre guerras y crisis humanitarias, la ONU parece haber perdido la autoridad que una vez tuvo. ¿Qué explica su falta de impacto en el mundo actual?

Por Cynthia Carmen

Mientras el comité noruego anunciaba a María Corina Machado como la ganadora del Premio Nobel de la Paz del 2025, tal como lo mencionó el vocero de la organización, “por su incansable lucha por la democracia en Venezuela”, otro nombre, aunque no resultó galardonado, acaparó varios titulares: Donald Trump.

Semanas antes, entre notas informativas y declaraciones de figuras políticas, se voceaba que el mandatario estadounidense merecía el reconocimiento por su papel como mediador en las negociaciones para un alto al fuego en Gaza y por haber impulsado acercamientos entre Ucrania y Rusia.

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, incluso publicó un mensaje en la red social X acompañado de una imagen generada con inteligencia artificial, en el que afirmaba que Trump era digno de recibir el Nobel.

El panorama desde la sede de la ONU es distinto: al menos en seis ocasiones, Estados Unidos vetó resoluciones del Consejo de Seguridad que buscaban mejorar la situación en Gaza, ya sea mediante ceses al fuego, envío de ayuda humanitaria o liberación de rehenes. Una ironía se manifiesta: el liderazgo individual se aplaude, mientras el multilateralismo se estanca.

De su origen a sus desafíos actuales

Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, el 24 de octubre de 1945 se creó oficialmente la Organización de las Naciones Unidas con el propósito de evitar que el mundo volviera a vivir un conflicto global de tal magnitud. El espíritu de su surgimiento era claro: mantener la paz, la seguridad internacional, promover los derechos humanos y fomentar la cooperación entre los pueblos.

Sin embargo, actualmente muchos expertos e incluso gobiernos expresan su disconformidad con el desempeño e ineficacia de la ONU frente a conflictos bélicos, como la invasión rusa a Ucrania y la guerra en la Franja de Gaza. Consideran, además, que la organización ha mostrado limitaciones para prevenir la escalada y lograr acuerdos efectivos de alto al fuego.

Estos enfrentamientos se han prolongado y han escalado en magnitud, dejando un saldo de muertes alarmante. En el caso de Ucrania y Rusia, se estima que entre 260,000 y 300,000 personas, entre civiles y soldados, han perdido la vida. En la guerra de Gaza, las víctimas israelíes se estiman en más de 1,500 durante el estallido del conflicto, el 7 de octubre de 2023. En contraste, las autoridades de salud locales reportan que el número de palestinos fallecidos ha superado los 67,000 desde el inicio de la ofensiva hasta la fecha.

No todo han sido penumbras en las salas de la ONU, pues los Objetivos de Desarrollo Sostenible han sido adoptados por la mayoría de los países, alcanzando resultados alentadores. Por ejemplo, el acceso a la electricidad llegó al 92% de la población mundial en 2023. Desde otro ámbito, recordemos su papel durante la pandemia del COVID-19, cuando la ONU fue un actor clave para que muchos países pudieran coordinarse y abastecerse de las vacunas necesarias para enfrentarla.

Al respecto, el internacionalista y docente Fabián Vallas destacó su desempeño durante la propagación del virus. “A través de la Organización Mundial de la Salud se hizo un seguimiento para lograr una acción colectiva de los países (…) Muchos no hubieran accedido a la vacunación contra el coronavirus si no fuera por las agencias de las Naciones Unidas”, señaló.

Los obstáculos

Los países que participaron directamente en la creación de la ONU son, ahora, quienes concentran el mayor poder dentro de la organización. Al respecto, Vallas asoció la incapacidad del organismo con su propia estructura.

“Si revisamos los miembros fijos del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China—, son quienes ganaron la Segunda Guerra Mundial. Pero hoy, los desequilibrios políticos son diferentes (…) Es una estructura desequilibrada que ya no obedece a la composición actual”, explicó el internacionalista.

La ONU se divide en varios consejos y agencias que abordan distintas temáticas. Uno de los más importantes es el Consejo de Seguridad, encargado de mantener la paz y la seguridad internacional. Se trata del único órgano en el sistema de Naciones Unidas con la facultad de tomar decisiones de cumplimiento obligatorio para los Estados miembros. Sus resoluciones pueden recomendar métodos de solución pacífica, imponer sanciones o autorizar operaciones militares por parte de coaliciones o fuerzas multinacionales.

Está conformado por 15 miembros: 10 no permanentes, elegidos por un periodo de dos años, y 5 permanentes. Las cinco potencias mencionadas anteriormente —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— son las únicas que poseen derecho a veto, lo que significa que, aunque se alcancen los votos necesarios para aprobar una resolución, basta con que una de ellas se oponga para bloquearla. Esta estructura y sistema de toma de decisiones es uno de los aspectos más cuestionados de la organización.

El analista y docente de derecho internacional, Francisco Belaúnde Matossian, explicó la conformación del consejo y la problemática alrededor del veto. “La ONU tiene muchos problemas y en ocasiones no puede tomar decisiones por el poder del veto (…) Su voz no logra ser decisiva, pero creo que el mundo estaría peor si no hubiera una organización como esta”, indicó.

El camino a seguir

Pero, ¿podríamos vivir sin un organismo internacional? Las recientes acciones de Donald Trump, con sus gestiones de conflictos de manera unilateral, demuestran los riesgos de que los países actúen sin coordinación global. En ausencia de la ONU, los acontecimientos podrían escalar con mayor rapidez sin mediación ni mecanismos de control, aumentando la probabilidad de crisis prolongadas.

En la 80° Asamblea General de las Naciones Unidas, Donald Trump se atribuyó haber detenido diversos conflictos: “Puse fin a siete guerras (…) y nunca recibí ni una sola llamada de las Naciones Unidas ofeciéndome ayuda para cerrar el acuerdo”. Además, agregó que la ONU no logra aportar en su misión internacional: “La ONU tiene un potencial enorme (…) pero ni siquiera se acerca a cumplir ese potencial (…) Son palabras vacías que no resuelven la guerra. Lo único que resuelve la guerra es la acción”, declaró en Nueva York.

“Es lógico pensar que la ONU necesita reinventarse, pero la gran pregunta es: ¿quién lo hará? (…) Estados Unidos aporta casi la mitad del presupuesto de la organización”, reveló Vallas. El desafío, entonces, no solo pasa por reconocer las limitaciones de la entidad, sino también en el sentido de repensar su estructura y capacidad de acción en un mundo que cada vez se fragmenta más.

Un cambio de sistema y estructura, particularmente en el Consejo de Seguridad, podría devolverle la legitimidad y coherencia a la organización. Sin embargo, los intereses cruzados de los miembros permanentes hacen que cualquier cambio parezca improbable. “¿Quitarle el poder de veto a las cinco potencias? No creo que eso vaya a pasar (…) Pero, sin duda, la Organización de las Naciones Unidas necesita algún tipo de reforma”, apuntó el analista Belaúnde.

Aun así, la ONU sigue siendo el único espacio global donde prevalece el valor de la diplomacia y la búsqueda del diálogo, la negociación y las soluciones colectivas frente a los grandes desafíos contemporáneos. El reto de la organización es seguir demostrando que el multilateralismo sigue siendo necesario en un orden mundial cada vez más polarizado.

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