Con el auge de nuevos entretenimientos y una disminución de seguidores, este género enfrenta uno de sus momentos más críticos. Las batallas de rap, que antes resonaban en cada rincón del Perú y en todas las redes, ahora buscan revivir el entusiasmo y el apoyo popular para no perder su lugar en la escena cultural.
Por Alejandro Piña e Igor García
Plazas cada vez más vacías, micrófonos sin una voz que reproducir. Previo a la pandemia, era imposible ver un parque en el que no hubiera un grupo de gente en una redonda únicamente con la intención de rapear y enfrentarse en batalla a otros raperos. La batalla de gallos era uno de los movimientos más virales en la escena musical y de entretenimiento de Perú.
Sin embargo, en la actualidad, nada podría ser más distante de aquel momento de gloria, pues ya no hay millones de personas que están atentas a este hecho. En este contexto, no pareciera que sería lo más idóneo para mantenerse o unirse al mundo de las batallas. Pero el freestyle peruano está mudando al dar nueva cabida a figuras en un mal escenario, dejando una duda para los fanáticos. ¿Qué hace que la escena batallera peruana siga sacando nuevos competidores aún en un momento tan gris en su historia?
El lugar y momento correcto
Tras un inesperado campeonato en el evento del 2019 de la God Level, el por entonces llamado mundial del freestyle, la escena peruana tuvo un auge de viralidad nunca antes visto en las batallas nacionales. Jaze, Nekroos y Choque, integrantes de ese equipo campeón, cambiarían la historia del rap improvisado en el país. Muchos nuevos raperos, beatmakers, hosts y seguidores aparecieron tras este gran éxito.
Uno de los tópicos más tocados por el grupo blanquirrojo fue la inexistencia de una liga profesional de batallas, pues Urban Roosters aún no había implementado el formato FMS fuera de España, Argentina, Chile y México, pero no pasaría mucho tiempo para que este torneo llegará a tierras peruanas. Todo parecía cuesta arriba, pero llegó la pandemia y varios perdieron el interés de seguir participando.
Este bache parecía definitivo, pues no muchos sectores habían logrado superarlo, mas la escena siguió luchando para que las batallas siguieran vivas y así aprovechar un momento perfecto para los freestylers. Nombres históricos como el de Jota, máximo representante del rap nacional en la década del 2010, volvieron a competir en una liga que dejaba en claro que este movimiento en el Perú era considerado a nivel mundial como una potencia.
La primera temporada de FMS se realizó en un plató televisivo, sin un público más allá de los propios participantes. Pero, con figuras en un auge histórico, no hubo un gran problema en cuestión de la calidad o la cantidad de visitas que tuvieran las competencias. Este cambio de escenario permitía a los freestylers liberar un estilo más distinto para poder diferenciarse de la competencia.
Las batallas recuperaban algo que los diferenciaba de otros movimientos de la cultura hip hop: la bulla. Sin embargo, lo que parecía una bendición para el espectáculo, fue una maldición escondida. El público volvió con una mayor exigencia y varios competidores ya no conectaban de igual manera con ellos. El paso de los años dejó en un lugar casi demacrado al que se había vuelto una de las tendencias culturales más virales de la historia del país.
A pesar de esto había una figura que, a pesar de no tener un alma batallera, dejaba al Perú en alto con un flow y un estilo métrico no muy usual dentro de tierras peruanas. No obstante, su objetivo no estaba en las rotondas, dejando con su retiro un trono que aún se encuentra en búsqueda de un heredero.
Desgaste de flow
Juan Carlos Iwasaki, popularmente conocido como Jaze, era una estrella que cargaba con un peso enorme en las batallas de rap. Su apartamiento de estas terminó afectando de manera inimaginable la cantidad de visitas que tenían tanto la liga como las competencias internacionales para el público peruano que ya no contaba con un representante con características destacables en el plano mundial. Sin embargo, todo ello era comprensible.
“Al llegar a un punto alto en las competencias, se hizo cada vez más claro mi deseo de crear música propia, una mezcla única que, aunque incluye el rap, también abarca diversas influencias. Hoy, aunque el enfoque está en desarrollar esa música, la improvisación sigue siendo una pasión que mantengo viva”, menciona Jaze, exbatallero y campeón nacional de 2018.
Este no es el único ejemplo de artistas que ven en el freestyle una plataforma para viralizarse y, luego, dedicarse a otras expresiones artísticas. Cada vez más talentos han tomado ese camino, mientras otros que se han quedado dentro de la escena enfrentan un nuevo reto: reinventarse para mantener el interés del público.
Otro factor que ha cambiado la perspectiva del público peruano hacia este movimiento fue la sobreexplotación de eventos tras la pandemia. Lo que podría parecer positivo, generó cierto cansancio: enfrentamientos repetitivos en los que la falta de argumentos nuevos se hacía evidente. Las entradas ya no se agotaban y, para llenar eventos que ya no existía tanto interés como en años anteriores, a menudo debían ser rematadas. “A veces se vuelven insufribles, priorizan la cantidad sobre la calidad”, señala Abel Gamarra, nombre de pila de Katacrist, vigente campeón nacional de Red Bull.
Incluso los eventos callejeros, sin necesidad de entradas pagadas, han visto disminuir su interés. Colectivos como Rapstyle, Plaza de Reyes o Raptonda siguen realizando ediciones, pero la mayoría de sus videos no superan las 10 mil visualizaciones. Soporte Alterno, uno de los colectivos más virales dentro de la escena peruana y cuna de freestylers como Jaze, Kg y Xplain, dejó de organizar competencias callejeras, perdiendo así una plaza fundamental donde muchos solían comenzar su carrera.
La gente se veía cada vez más cansada con la falta de triunfos colectivos internacionales. Los gallos peruanos, posterior al campeonato mundial en God Level 2019, no cumplieron con las expectativas en eventos como Red Bull o FMS Internacional, pudiendo ser contados con los dedos de una mano los participantes que tan siquiera pasaban de una primera ronda y dejando para los sueños la idea de poder plantarse en un podio de ese nivel.
El beat no para
A pesar de los tiempos difíciles que atraviesa el freestyle, algunos raperos de renombre como Stick, Jota y BlackCode continúan manteniéndose firmes sobre la tarima. Su perseverancia es motivada por el profundo amor al arte de la improvisación, al igual que la inspiración de una nueva generación de jóvenes apasionados por esta.
Lemafais, Scraps, Tyler, Mikdran ZC y Katacrist, actual campeón nacional, son algunos batalleros que forman para de esta “nueva camada” de freestylers peruanos, respondiendo a la necesidad de un escenario que aclamaba un recambio generacional. Con nuevos estilos y propuestas, esta renovada oleada empezó a destacar y son quienes mantienen viva la esperanza de que el freestyle recupere su popularidad y continúe evolucionando en nuestro territorio.
“A mucha gente le interpela demasiado la improvisación y su creatividad, el rap, el hip hop y todo el movimiento. Es lo que tiene el freestyle y el arte en general, permite que se formen agrupaciones con gente apasionada y nos une más como seres humanos”, resalta Jaze, cuyas palabras reflejan que el poder de esta expresión artística permanece intacto. Su capacidad de conectar y transformar espacios son las razones por las que el movimiento sigue vivo.
El freestyle siempre ha sido visto como un poderoso medio de expresión, un lugar donde uno puede liberarse y expresar lo que brota desde lo más profundo de su ser a la hora de improvisar. “Gracias a ello, siento que me conocí mucho más a mí mismo. El competir fue mi forma de desahogarme y desfogar la ira que tenía guardada. Era la excusa perfecta para sacar todo lo que tenía reprimido. Después empecé a sanar y arreglar las cosas”, comenta Jaze. Este proceso de autoconocimiento y catarsis es otra de las razones por las que aún hay personas interesadas en convertirse en un batallero, pues así encuentran un refugio y una forma de transformación personal.
Cada uno de nosotros tiene un referente, alguien a quien admiramos y en quien nos inspiramos, y en esta forma de hacer arte no es diferente. “Me he dado cuenta de que en el freestyle pude dejar cosas especiales y que hay gente que conectó mucho con eso. Si alguien a partir de verme se motiva y va para adelante, para mí es un triunfo”, comenta el antiguo vencedor peruano. El legado de los máximos representantes de cada disciplina es un aspecto que puede marcar la diferencia en las próximas generaciones.
Versos hoy y mañana
Es difícil que el freestyle vuelva a tener la misma repercusión que tuvo en sus años dorados. ¿Qué tendría que suceder para que este arte renazca en el Perú? Katacrist, el el hoy triunfador de nuestro país no tiene dudas. “Tenemos que volver a ser campeones internacionales. Así como cuando en el fútbol Perú llegó al mundial y cuando en 2019 nuestro país ganó la God Level, de eso depende mi disciplina”, afirma.
El impulso que necesita el freestyle peruano está en el reconocimiento internacional, una meta que, de lograrse, sería una verdadera hazaña, pues con la situación actual parece casi inalcanzable. La competencia internacional más cercana es la Final Internacional de España, donde participará Katacrist al ser el representante local. “Tengo una gran responsabilidad, si no hago lo que tengo que hacer, va a ser lo mismo que el año pasado, pero si lo hago, puedo revivir el freestyle peruano. Tengo un gran peso en mis manos”, comenta el rapero, quien se está tomando con seriedad su preparación para este importante evento.
Asimismo, recalca que una disciplina muere cuando no salen nuevas caras y critica las pocas oportunidades que se les brinda a los recién llegados al rubro debido a la falta de renovación entre batalleros. “Dar un paso al costado no debería ser malo, un competidor de renombre podría convertirse en jurado u organizador incluso de música, de esa manera también puede aportar al movimiento sin ser freestyler”, destaca Katacrist.Además, la falta de apoyo del público, en comparación con años anteriores, es otro factor crucial para determinar si el freestyle se estancará o no, sobre todo en un contexto de creciente pesimismo. Sin embargo, aún queda una chispa de esperanza en la comunidad y tanto los veteranos como los nuevos talentos se esfuerzan por mantener viva la escena. La pasión continúa, solo es cuestión de tiempo para que esa llama de la improvisación vuelva a encender la energía de los peruanos.