El rage bait o “cultivo de ira” se ha convertido en una estrategia común en redes sociales, diseñada para generar interacciones a través de la indignación. ¿Cómo funciona y qué efectos tiene en los usuarios?
Por: Catherine Quispe y Diana Gonzales
¿Alguna vez has entrado a Tik Tok y te has encontrado con videos que te hacen hervir de enojo, sintiendo la necesidad de reaccionar? Pues esto tiene un nombre: rage baiting. Se trata de una estrategia de contenido diseñada específicamente para provocar indignación y, con ello, aumentar el engagement de las publicaciones. Estos videos buscan generar controversia intencionadamente con el propósito de aumentar el tráfico de visitas.
En un mundo dominado por contenidos emocionales, apelar al enojo es tan efectivo como hacerlo con la nostalgia o la tristeza. Pero, ¿por qué este tipo de contenido enfocado en la ira funciona tan bien? La respuesta se encuentra principalmente en la psicología.
Psicología detrás del rage baiting
Aunque el término rage baiting es nuevo en el vocabulario digital, su esencia tiene bases en la psicología humana desde hace siglos. Lo único que ha cambiado es el medio: ahora ocurre en las redes sociales, pero el comportamiento humano sigue siendo el mismo. Se basa en aprovechar nuestra respuesta emocional ante la confrontación.
¿Por qué reaccionamos ante contenido provocador? Según Fiorella Lama, artista, publicista, docente universitaria y máster en Psicología y Psicoterapia, “las personas experimentan incomodidad o malestar cuando se enfrentan a situaciones que contradicen sus creencias. Esto provoca una disonancia cognitiva, que las impulsa a defenderse o actuar de forma reactiva”. En otras palabras, cuando percibimos que nuestras opiniones e ideas —y, en consecuencia, nuestra identidad— están siendo amenazadas, se activa un mecanismo de defensa que nos lleva a reaccionar, ya sea comentando o compartiendo.
Además, piénsalo por un segundo, ¿no te ha pasado que sientes una gran satisfacción después de corregir a alguien? Esto se explica por el “efecto de generación”. Básicamente, al corregir a otros, reforzamos nuestros aprendizajes y esto nos da una sensación de regocijo como una recompensa emocional.
Sin embargo, ¿todos somos susceptibles a reaccionar con enojo? Depende. Factores como nuestra personalidad y nuestras vivencias personales juegan un papel clave. De acuerdo con la psicóloga Maria Fernanda Sandoval, “si no sabemos manejar bien nuestro enojo, podemos actuar de manera inmediata e impulsiva, lo que nos lleva a ser menos reflexivos”.
El problema es que este enojo, una vez que estalla, se amplifica por las redes sociales, lo que crea un efecto de bola de nieve, como añade Sandoval. Además, dado que la confrontación y la hostilidad se han normalizado en la cultura digital, estas han pasado a ser formas aceptables de interacción en línea.
Algoritmos en acción
Ahora, una vez que el contenido está en las redes, ¿quién es el responsable de que estos se amplifiquen? Los algoritmos. Estos “titiriteros” invisibles son los verdaderos arquitectos del contenido viral, diseñados para maximizar visualizaciones e interacciones.
Sin embargo, ¿cómo lo logran exactamente? Para entenderlo, primero debemos comprender qué son. Édgar Huaranga, científico computacional e investigador del Centro de Inteligencia Artificial de la Universidad de Lima, los define como un conjunto de procesos que buscan resolver problemas. “En el caso de las redes sociales, se llaman sistemas de recomendación y son los responsables de lo que verás en tu feed, explore page o for you page”, menciona. Hace algunos años, estos sistemas operaban para mostrarte la última fotografía de tus amigos cercanos, pero las cosas han cambiado.
“Ahora, se recomienda el contenido con el que tienes más posibilidades de interactuar”, aclara Huaranga. La pregunta es sencilla: ¿Cómo sabe eso la máquina? Como adelanto, no tiene que ver con ningún plan malévolo, sino que nosotros dejamos una huella digital con cada like, compartir y comentario. También influyen factores como el tiempo de visualización y el número de reproducciones. ¿Te ha pasado que has dejado un Tiktok o Reel aleatorio en repetición mientras haces otra cosa? Adivina cómo eso va a afectar tu feed.
Tomando en cuenta que nuestras interacciones alimentan los algoritmos, si reaccionamos a contenido que nos molesta y muchas personas hacen lo mismo, ese contenido tendrá más alcance. Tal como indica Lama, “el algoritmo es netamente funcional, numérico y frío, y recompensa el tráfico. No mide la calidad de los comentarios, sino la cantidad y otros indicadores como el tiempo de permanencia o la respuesta”.
Lo cierto, es que estos sistemas solo cumplen con su misión: mantenerte conectado, y para eso utilizará todos los recursos que brinda la interweb. Pero incluso ante esto, los usuarios tenemos una forma de recuperar el control. “Existe la posibilidad de entrenar a nuestro algoritmo”, comparte Edgar, quien insiste en que entendamos un aspecto de estos sistemas: no son estáticos. Al contrario, están en constante evolución por las respuestas que les enviamos.
Esto implica que podemos ignorar contenido controversial de manera inmediata durante un periodo de tiempo e invertir en visualizar aquello que nos haga bien. Cambiar nuestros hábitos de consumo siempre es una opción. De cierta forma, nuestro algoritmo podría reflejar que tan bien resguardamos nuestra atención.
¿Clics por enojo?
A lo largo de la historia, el enojo ha sido utilizado para movilizar a las personas, generar controversia o ganar atención hacia causas y conflictos. Desde discursos políticos hasta movimientos sociales, apelar a la ira ha sido una estrategia eficaz para captar la atención de las masas. Hoy, las redes sociales han amplificado este fenómeno, facilitando la rápida difusión de contenido diseñado para provocar indignación.
El rage baiting es simplemente una evolución digital de esta táctica en la que ahora se utiliza el enojo como un recurso para fomentar engagement y aumentar la visibilidad del contenido. “Con el tiempo, los creadores de contenido comenzaron a entender cómo funciona el algoritmo y aprovecharon algo que existe desde siempre, relacionado con la conducta y el comportamiento de las personas”, explica Lama.
Esta estrategia funciona especialmente bien con temas polarizantes, es decir, aquellos que dividen a la audiencia y generan debate. Los tópicos controversiales crean un ambiente de confrontación, donde las personas, como se explicó anteriormente, sienten la necesidad de defender sus posturas o atacar las ideas opuestas. En consecuencia, se incrementa el tráfico y la visibilidad de un contenido, creando un ciclo de retroalimentación que beneficia a los creadores.
Por lo tanto, desde el punto de vista del usuario, el uso del rage bait puede parecer positivo, ya que genera interacciones y, por ende, más monetización. De acuerdo con Fiorella Lama, “el rage bait es juzgable desde el ángulo que lo mires. Si lo observas desde el lado del creador que necesita tráfico para su modelo de negocio, crear controversia puede parecer una jugada estratégica”. Sin embargo, la intención detrás de este contenido es clave para evaluar su valor real, sin ignorar de que lo considerado “controversial” varía según factores demográficos, sociales y culturales.
No obstante, en términos numéricos, un modelo basado únicamente en el rage bait no es sostenible. “No es sostenible algo que solo busca tráfico inmediato”, destaca la experta, pues un claro ejemplo son los personajes que se hicieron virales por una sola controversia, pero desaparecieron rápidamente cuando la polémica se calmó.
Lo cierto es que, si bien esta táctica de contenido puede generar resultados rápidos en términos de visibilidad, se requiere autenticidad y constancia que vayan más allá de simples momentos de controversia para construir una comunidad duradera con la audiencia.
Reacciones en cadena
La consecuencia inmediata de este fenómeno es clara: pescar la ira de los internautas y transformarla en un activo. Pero, si nos tomamos un momento para imaginar al rage baiting capturando la atención de miles de personas en tiempo real, se pueden levantar, lenta pero firmemente, una serie de preocupaciones sobre sus consecuencias a largo plazo sobre aquellos que se dejen persuadir.
“Puede causar que las personas se vuelvan menos sensibles”, asegura la psicóloga María Fernanda Sandoval que sostiene que el estar expuesto repetidas veces a situaciones de enojo puede afectar nuestra capacidad para empatizar. Más allá de una sensación pasajera de indignación o incomodidad, el dejarse enganchar por estas publicaciones constantemente dejan al usuario vulnerable de sufrir trastornos de ansiedad o depresión, así como una baja tolerancia a perspectivas ajenas.
“Exponerse a este contenido distorsiona nuestra capacidad de interactuar de forma honesta y empática”, afirma Julio César Matheus, comunicólogo e investigador especialista en AMI (alfabetización mediática). Asimismo, señala el ataque a nuestra sensibilidad como uno de los mayores riesgos de dejarse llevar constantemente por videos ofensivos, crueles y/o sensacionalistas.
Los especialistas están de acuerdo con los estragos en el bienestar mental de aquellos que caigan sobre la trampa. Sin embargo, no todas las personas reaccionan igual a los pescadores de rabia. ¿Qué es lo que hace a algunos más vulnerables? De adelanto, no tiene nada que ver con la estupidez. “Es difícil que alguien tenga una actitud crítica cuando no ha tenido una educación crítica de base” explica Matheus, quien recalca que esta es la situación de muchos jóvenes que no han recibido una educación que informe sobre los medios, sus tácticas o cómo reaccionar ante ellos.
De pronto, nos encontramos dentro de la piscina de la estimulación y no sabemos cómo mantenernos a flote. Para ese momento, pueden surgir preguntas internas que tú has podido tener en algún momento: ¿Por qué pasó tanto tiempo viendo tiktoks o reels que no me hacen sentir bien? O la pregunta más relevante es: ¿Qué puedes hacer tú al respecto?
¿Cazadores de enojo?
Es posible fortalecernos frente a la manipulación emocional que podemos encontrar en redes. El primer paso es empezar a ser autoconscientes de nuestra dieta mediática. Esto significa dejar de tener una actitud totalmente pasiva al estar en Tik Tok, Instagram o Youtube. Hay que dejar el celular a un lado y hacernos preguntas: ¿Qué tipo de material estoy consumiendo? ¿Qué emociones surgen en mí durante y después de scrollear por mi feed? ¿Tengo algún dolor de cabeza inexplicable? ¿Cómo son mis relaciones interpersonales? ¿Se vincula esta realidad con lo que consumo en redes?
Si llevas a cabo este ejercicio reflexivo, puede que te des cuenta que absorben mucha información innecesaria que te hace sentir mal cuando estás en internet. Sin embargo, para Matheus, las iniciativas autodidactas no son suficientes. “Es imperativo incluir la enseñanza de alfabetización mediática en las aulas, la cual se enfoca en potenciar capacidades para vincularse de forma sana con los medios y desarrollar filtros críticos, así como entender ¿Qué pasa detrás de la pantalla?”, explica.
Mientras tanto, uno tiene que usar todas las herramientas a la mano para cuidar su atención y emociones ante entornos digitales cada vez más agresivos. Te acabamos de brindar una muy poderosa: la información. Ahora, la próxima vez que te encuentres con un reel que te indigne, antes de ir a tu teclado, piénsalo dos veces.