A lo largo del tiempo, ha sido una herramienta poderosa para denunciar y criticar al sistema político en el Perú. Con humor e ingenio, los caricaturistas convirtieron su arte en un reflejo mordaz de la realidad del país.
Por Paolo Velita e Igor García
Caricatura, una palabra que te invita a sumergirte en lo hilarante de un dibujo. Política, ocho letras que causan estrés instantáneo en cualquier psiquis peruana. Si combinamos estos dos términos, obtenemos una de las formas más ricas de expresión que existe en la historia peruana. No hace falta leer un testamento lleno de montículos de palabras y prosas, solo basta donar un minuto de tiempo para comprender el mensaje encriptado.
Un mensaje lleno de hipérboles gráficas que satirizan y satanizan aún más a cada personaje enlistado en los poderes estatales con uno que otro “anticucho” por develar. Más de un siglo de historia, un centenar de publicaciones y decenas de papeles replicados en millares y millares de tiras que aún permanecen en circulación. Inmortalizado en papel periódico o en píxeles, el matrimonio amor-odio de la caricatura y la política peruana tiene mucho por contar, pero poco por escribir.
Bocetos de una esencia
Los primeros coqueteos entre los personajes importantes de la historia peruana y los ilustradores comenzaron cuando el país apenas había sido proclamado como independiente. Lo más curioso es que el primer registro de caricatura no fue realizado por un compatriota, sino por un español: Gaspar Rico y Angulo, quien retrató a José de San Martín montado sobre un burro con el rostro de Bernardo O’Higgins.
Así, el periplo de la caricatura peruana fue diluyéndose en tres distintas etapas, según un artículo de la revista Pacarina del Sur. La primera fue a mediados del siglo XIX, usando la crítica al personalismo, mientras que el desarrollo y consolidación se fue gestando entre dictaduras y corrupción desde inicios del siglo XX, siendo Julio Málaga, Leonidas Yerovi y Carlos Tovar grandes gestores de cada eje. El camino errático e intermitente de la caricatura puede parecer una broma, pero importante a fin de cuentas para reafirmar el papel del ilustrador y caricaturista, es decir, tener la tinta de la crítica a disposición de la gente.
Para Andrés Edery, caricaturista peruano y creador de la sección Otra vez, Andrés, la caricatura política es mucho más que solo un simple dibujo impreso. Aprendiz de Tovar y Hildebrandt desde los años 90, enfatiza la ventaja que estos gráficos tienen por encima de prosas y análisis de opinión fuera del contexto peruano, gracias a un ingrediente: la sátira. “(Las caricaturas) son inmediatas. No te va a tomar más de 5 segundos comprender el mensaje. Si es con humor, mejor. Incluso su recuerdo puede ser más duradero que la propia editorial”, declara.
Edery, con vasta experiencia, observa que el humor político que le agrada al peruano es la copia casi genuina del personaje a “chancar”, tratando que le sea más fácil de reconocer al implicado. Sin embargo, su gran capacidad de volverse explícito su mensaje lo ha llevado a algunas censuras durante su carrera, incluso a un problema legal que lo llevó a retocar el dibujo original.
“Se tiene que jugar con el hecho de mencionarlo y no mencionarlo a la vez. […] A veces uno tiene que vencer temores y ponerse fuerte ante aquellos que no quieren permitir que esto salga”, afirma. Con sinceridad, Andrés detalla que sus puntos más fuertes fueron en sus inicios, cuando el control de medios era abrumante para todo aquel crítico del régimen de turno. Pero Edery confiesa no escatimar esfuerzos aunque algún conocido o famoso se vea descubierto en actos polémicos.
Otro panorama es el que percibe Diego Avendaño, periodista e ilustrador digital, que considera más importante el mensaje que la estética del dibujo. “La imagen tiene más presencia y llegada ahora que la consumes por un tiempo razonable. Es interesante cómo la caricatura puede ser un medio para transmitir un mensaje que llega, se consume y se viraliza rápido”, recalca. Con múltiples publicaciones en su plataforma de Instagram, Amendaño sostiene que su forma de llegar al público mediante sus caricaturas se debe al poco consumo y atractivo de los textos y la gran llegada de las redes sociales.
Trazos digitales
La era digital ha tenido un gran impacto en la sociedad, transformando la forma de trabajar en diferentes campos, y la ilustración no ha sido una excepción. Los caricaturistas han pasado de los métodos tradicionales, que incluían lápiz, tinta y papel, al uso de aplicaciones que les ofreció la tecnología para la creación de sus viñetas. Herramientas como Photoshop, Medibang, Autodesk, Sketchbook e Infinite Painter han revolucionado su proceso creativo, ofreciendo nuevas posibilidades de dar vida a sus trazos.
“Empecé mis dibujos con papel y lápiz, luego usaba tinta china y después lo escaneábamos, así era la dinámica hace 18 años”, nos cuenta Edery, quien también destaca cómo la tecnología ha simplificado su labor. “Ahora, con una tablet, sin toda la parte del lápiz, del escaneo, de borrar, me ahorro mucho más tiempo”. Además, resalta el valor del famoso atajo Ctrl + Z, que permite rehacer y deshacer acciones, una herramienta que no existe en el mundo físico.
Sin embargo, eso no es todo. En pleno auge de la inteligencia artificial, esta tecnología también ha incursionado en el contexto caricaturesco, planteando la misma polémica que en otros campos: la posibilidad de que pueda reemplazar a los profesionales. Pero el caricaturista Edery ofrece una perspectiva diferente, viendo la IA como un complemento en lugar de una amenaza. “Al principio cuesta porque pensamos que nos quitará el trabajo, pero al final termina siendo una herramienta que está a nuestra disposición”, denota.
Viñetas del mañana
No solo la forma de crear el producto ha cambiado, sino también los medios de publicación. Hace décadas, la única manera en que el público podía disfrutar de la caricatura era mediante los medios tradicionales. “Desde la época de los blogs, todo el contenido se va democratizando, las redes favorecen la producción y las retribuciones en todo sentido, en algunos casos monetarias”, afirma Avendaño, indicando que las nuevas plataformas digitales les brindan a ellos oportunidades adicionales para generar ingresos.
El mundo de la caricatura está experimentando un cambio significativo que transforma la manera en que los artistas se relacionan con su trabajo y su público. “Cada autor va a ser dueño de su espacio y va a buscar una forma de crear sin restricciones”, comenta Edery por su parte. Este nuevo enfoque empodera a los caricaturistas, quienes ahora pueden elegir sus lugares de publicación, definir su estilo personal y conectar con su audiencia deseada, algo que antes era inimaginable.
Sin embargo, su objetivo es lograr que su trabajo sea sostenible a través de las redes sociales, ya que monetizar su arte presenta diversas dificultades. Los dibujantes, al igual que cualquier profesional, deben cubrir sus gastos diarios para vivir.
A esto se suma otro desafío, pues si cometen un error, la carga no recaerá sobre el medio de comunicación, sino directamente sobre ellos, los autores. Esta presión adicional resalta la responsabilidad que enfrentan, lo que hace aún más complicado mantener su independencia creativa, pero, a pesar de las dificultades, muchos dibujantes aspiran a encontrar su lugar en las redes sociales, manteniendo viva su pasión por el arte.