A nivel global se observan caídas en la participación femenina después del nacimiento de su primer hijo, ¿a qué se debe esto? ¿Y qué necesidades revela en la distribución del trabajo?
Por Ana Cueto
La denuncia de una trabajadora del Congreso bajo la dirección de Susel Paredes ha reabierto el debate alrededor del empleo feminino. Especialmente, ya que la trabajadora señala una separación que tendría como motivo su segundo embarazo. Tanto en el Perú como en el resto del mundo, se observan caídas en la participación laboral de las mujeres tras convertirse en madres. En el 2024, el Instituto Peruano de Economía reveló que el 40% de las mujeres dejan de trabajar luego del nacimiento de su primer hijo y que, entre ellas, el 41% no se incorpora a la fuerza laboral incluso 10 años después. Esta caída se puede deber a distintos factores, entre ellos, la distribución desigual de las responsabilidades de crianza y cuidado que recaen mayormente sobre las mujeres.
Las barreras en la reincorporación laboral
La reincorporación de las mujeres al mundo laboral tras el nacimiento de su primer hijo puede presentar dificultades. Una barrera es la distribución desigual de labores del hogar, que incluso llega a afectar a las mujeres con pareja pero sin hijos. La última Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) reveló que las mujeres tienden a utilizar casi el doble de su tiempo en la realización de trabajos no remunerados para su propio hogar, en comparación a los hombres. En contraste, dedican menos horas a las actividades remuneradas.
La doctora Leda Pérez, profesora de la Universidad Pacífico e investigadora, sostiene que “socialmente, todavía nosotros adscribimos el trabajo del hogar y el trabajo del cuidado a las mujeres y particularmente a las madres”. Esto, para muchas mujeres, hace difícil conjugar las expectativas en su lugar de trabajo con sus responsabilidades de cuidado, especialmente cuando las actividades se extienden fuera de su horario de trabajo. “Si van después de la junta a un bar. ¿Y qué? ¿Tú no vas a ir? Ah, no […] Son las 5 de la tarde, 6 de la tarde. Tengo que ver a mi hijo, a mi familia, mi pareja va a decir: ‘Ay no, tú te vas de parranda’. […] Hay una serie de reglas culturales y sociales que también pueden estar jugándole en contra, no solo que ella tenga que hacer”, agrega la doctora Janina León, economista e investigadora.
La carga del cuidado también puede significar un regreso a las condiciones distintas a las anteriores. Como expresaron ambas entrevistadas, en muchos casos hay una gran necesidad de flexibilidad para cumplir con las necesidades de cuidado y crianza. Esto lleva a que muchas mujeres opten por la informalidad, el autoempleo o el trabajo de medio tiempo.
En la última Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN) se registró una tasa de empleo informal del 69.3%. En el Perú, la informalidad afecta a hombres y mujeres casi en igual medida, por ello la doctora León recomienda entender el problema en su conjunto y sostiene que actualmente nos enfrentamos a un mercado donde no hay demanda laboral tanto para hombres como para mujeres, ello a pesar del continuo crecimiento del país. Menciona que el trabajo no solo se basa en la oferta laboral, sino en sus propias lógicas y requerimientos que pueden estar influidos por prejuicios y estereotipos.
“Hay ciertas actividades en las cuales se prefieren hombres, como por ejemplo la construcción. Y si la actividad de la construcción es la que está en dinamismo, […] es la demanda la que decide que necesitan más hombres que mujeres”, señala. En contraste, menciona que la mujer suele encontrar mayor demanda en campos como la educación, la salud y el cuidado.
La educación también puede influir en la inserción laboral. La especialista señala que históricamente se ha favorecido más al desarrollo masculino que al femenino en este aspecto. Ello afecta las posibilidades de una mujer para alcanzar los requisitos de un empleo formal, en un mercado altamente competitivo. “Para los hombres es difícil, 7 de cada 10 no entran [en el mercado laboral formal] teniendo mejor calificación, pues imagínate las mujeres que no tienen suficiente calificación”, concluye.
La necesidad de compartir el cuidado
Ambas entrevistadas señalaron que es importante que se creen las condiciones para el retorno de la mujer al mundo del trabajo. La doctora León mencionó al Programa Nacional Cuna Más, dirigido a familias en situación de pobreza y pobreza extrema. Más allá del cuidado diurno que ofrece, Cuna Más se enfoca en el desarrollo cognitivo, emocional y físico de los bebés menores de 36 meses. Refirió que es un buen programa, sin embargo tiene limitaciones en el alcance y la ubicación. Además, no se ofrece para todas las edades por lo que solo resolvería parte del problema.
En esta misma línea, la doctora Leda Pérez señaló a las políticas de descanso por maternidad: “Cada vez más hablamos de descansos de maternidad que no sean sólo para las mujeres, que sean para las familias. […] Que exista una corresponsabilidad dentro de la familia pero también una corresponsabilidad del Estado”. Con ello se refiere a cambiar la percepción de exclusividad sobre la responsabilidad de la mujer en el cuidado y dividirlo de forma más equitativa a nivel de la pareja y, también, de la sociedad y el Estado.
Actualmente, en el Perú, las mujeres tienen un permiso de descanso por maternidad de 98 días y se divide de forma equitativa entre el pre y post parto. Sin embargo, los hombres solo cuentan con 10 días. Sumado a ello, se necesita un mayor apoyo de parte de las empresas para el cumplimiento de los derechos de madres embarazadas que cubren desde políticas para la lactancia hasta protección contra el despido nulo. Entre el 2025 y mayo del 2026 la Sunafil registró 511 denuncias por incumplimiento de dichos derechos.
“Hay otros cuidados que también son importantes”, añade la doctora León, “El cuidado de los viejos, el cuidado de familiares discapacitados, y todo eso también lo tiene que resolver la mujer que está ahí en la casa.” Este punto fue mencionado por ambas especialistas, quienes hicieron énfasis en que también hay una necesidad de redistribuir esta responsabilidad.
“Tenemos muchas leyes que dicen cosas buenas. Pero, al final, si dentro de nuestra sociedad no reevaluando como pensamos en el cuidado y a quien le corresponde el cuidado, entonces no vamos a ninguna parte.”, añade la doctora Pérez.
Más allá del dinero propio
“Ceder el poder económico a otra persona puede ser peligroso”, declaró la doctora Leda Pérez refiriéndose a las mujeres que deciden salir del mercado laboral para dedicarse al cuidado de sus familias. “Trae peligros de control, de no tener autonomía […] sentir que no pueden dejar una relación porque tienen una dependencia ahí”, complementa.
La violencia económica es una gran preocupación debido a su relación con las brechas económicas de género como la brecha salarial, la baja participación laboral y la sobrecarga con tareas del hogar, ello según define el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP). Cifras de MIMP señalan que 86% de las mujeres entre 18 y 29 años han reportado sufrir de violencia económica. Es decir, control sobre su dinero, sus bienes o sus medios de trabajo. Lo más preocupante es que esta cifra no disminuye con el paso del tiempo, sino que se mantiene a lo largo de la vida.
Solo de enero a agosto del 2026, los Centros de Emergencia Mujer registraron 490 casos de violencia económica o patrimonial, de ellos 73.1% correspondían a mujeres. Y el 66.7% a mujeres que no trabajaban por lo que eran dependientes económicamente. Tanto la independencia económica como el desarrollo profesional pueden representar un salvavidas para la mujer no solo en casos de violencia, también frente a cambios en el estado laboral de la pareja y otros tipos de emergencias.
