Mientras la atención suele concentrarse en la capital y grandes ciudades, una macrorregión ha mostrado patrones de voto que, elección tras elección, terminan siendo determinantes en la definición de los resultados nacionales.
Por Álvaro Urquizo
Aunque, según datos del INEI, se estima que Lima concentra alrededor del 30% de la población total del Perú —casi un tercio del país—, las dinámicas de votación en el interior responden a lógicas distintas marcadas por diversos factores. En ese contexto, el sur, que representa un 17% a nivel electoral, ha ido consolidando un comportamiento que resulta decisivo.
Lejos de tratarse de un fenómeno reciente, distintos procesos electorales han evidenciado que esta macrorregión es capaz de ser determinante en un escenario de alta fragmentación ideológica y política, posicionando candidaturas que luego logran disputar o alcanzar la segunda vuelta. ¿Cómo se explica este fenómeno?
Históricamente clave
Más que un bloque homogéneo, el sur presenta dinámicas internas que reflejan diferencias que no solo se dan frente a otras regiones, sino también dentro del mismo territorio. No es lo mismo el voto en zonas rurales que en urbanas, ni el de jóvenes frente a adultos mayores. Sin embargo, existe un patrón innegable que se puede corroborar con los resultados: el voto del sur termina siendo dominante a la hora de posicionar un candidato en segunda vuelta.
En esa línea, la gerente general de Datum, Urpi Torrado, sostiene que se trata de un electorado con un comportamiento diferenciado frente al resto del país, una característica que, según explica, se ha mantenido constante a lo largo del tiempo y evidenciada en los propios resultados.
En las elecciones de 2006, un nuevo personaje en la política, Ollanta Humala, se disputaba principalmente los votos con Alan García y Lourdes Flores. En ese contexto, Humala resultó primero con poco más de 30% de votos válidos. En la zona sur del país, el candidato de Unión por el Perú obtuvo alrededor del 50% de los votos frente a 19 candidatos más, lo que le aseguró llegar a la estancia final.
Sin embargo, no resultó ganador. Flores, quien concentraba su mayor cantidad de votantes en las grandes ciudades, criticó a Humala y los votos de sus electores en primera vuelta terminaron beneficiando a García para la segunda.
Caso similar ocurrió en 2011, cuando Humala, nuevamente, sacó alrededor del 50% de votos en la región sur del país, contando con una amplia diferencia frente a Keiko Fujimori, su futura rival, quien terminó perdiendo gracias al gran peso que representaba el voto de este territorio.
En 2016, el panorama fue un poco distinto. Tras ciertas diferencias entre los políticos de izquierdas, Verónika Mendoza y Gregorio Santos —con gran influencia en provincias—, el voto se fragmentó un poco. Esto significó que Mendoza, quien tuvo bastante apoyo en la región, pero con distancias muy cortas frente a Fujimori, Kuczynski y en menor medida Santos, no llegara a segunda vuelta por la diferencia de votos en otras zonas del país.
Posteriormente, ella expresó su apoyo a Pedro Pablo Kuczynski de cara a la segunda vuelta y finalmente terminaría ganando votos en la zona y posteriormente las elecciones con un parlamento mayormente opositor. Este escenario coincide con lo señalado por Torrado, quien advierte que “no necesariamente el voto es en bloque”.
En 2021, pasó algo muy distinto, pues el voto del sur se articuló de manera mucho más clara y masiva en torno a un solo candidato: Pedro Castillo. Este suceso resultó bastante sorpresivo debido a su rápida subida que las encuestas públicas no lograron localizar a tiempo, ya que daban de favorito a Lescano en marzo de 2021. El rechazo a la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, y el apoyo que ya recibía Castillo, especialmente en el interior del país, terminaron beneficiándolo para convertirlo en el nuevo presidente electo del Perú.
“El voto del sur siempre ha sido un voto diferente. Yo comencé a trabajar en el año 92 haciendo encuestas, y ya en esa época, nuestras encuestas en el sur reportaban un comportamiento distinto. No necesariamente radical o no necesariamente en contra”, explicó el experto.
En este contexto, Torrado precisa que, en relación a anteriores elecciones “es la primera vez que se ve algo tan fuerte”, en referencia a la concentración del voto en 2021. ¿Qué factores influyen en este comportamiento?
Detrás del voto
Más allá de los resultados, el comportamiento electoral predominante de esta región responde a una combinación de factores estructurales y sociales. De acuerdo a Torrado, se trata de una región donde la percepción de ausencia del Estado es más marcada. Esta situación, sumada a condiciones de desarrollo desigual frente a otras zonas del país, ha contribuido a configurar un electorado con demandas distintas.
En ese sentido, estos votos no se tratan necesariamente de un voto radical. Torrado explica que consiste más bien en uno que busca cambios frente a una sensación de estancamiento, pues “la gente siente que el país no puede seguir igual”. Esto abre espacio a candidaturas que logran conectar con esa necesidad de transformación. Por ello, más que una posición ideológica uniforme, el voto del sur se articula alrededor de expectativas de cambio.
En esa línea, el experto en comunicación política de la Universidad de Lima, Mathias Mackelmann, señala que se trata de un electorado que responde a un “tema de reivindicación, de búsqueda de justicia y hacerse escuchar frente a la capital”. Por ello, se evidencia ese carácter diferenciado frente a otras regiones del país.
Sin embargo, cabe resaltar que no todo el sur tiene la misma tendencia. En las elecciones de 2006, Lourdes Flores obtuvo mayoría en los distritos Arequipa y Yanahuara, ambos dentro del área metropolitana, mientras que en zonas de la periferia, Humala era el candidato predominante. Por otra parte, Pedro Pablo Kuczynski ganó por poca diferencia en las ciudades a Mendoza y Fujimori en el 2016, obteniendo mayor apoyo en la ciudad de Arequipa, Moquegua y algunos distritos de Cusco.
Estos resultados concuerdan con lo señalado por Torrado, quien afirma que el sur no puede entenderse como un bloque homogéneo, sino como un espacio donde hay muchas realidades distintas. “No es lo mismo, por ejemplo, las personas que están en las zonas rurales que la gente que está en ciudad. O no es lo mismo los jóvenes que las personas mayores”, complementó.
Asimismo, mencionó que, como país, existe un nivel de fragmentación muy alto que también se replica en el sur. En ese contexto, se observa un mayor nivel de indecisión, especialmente en zonas rurales y a ello se suma una brecha generacional. “Las personas mayores tienden a ser mucho más escépticas porque lo que han vivido las lleva a la frustración, a sentir que venga quien venga, nada va a cambiar”, señala.
No obstante, este peso no es constante en todos los procesos electorales. La capacidad del sur para influir en los resultados depende en gran medida de la homogeneidad de ellos. En 2021 el voto se concentró de manera clara en un solo candidato, mientras que en otras escenas ha tendido a fragmentarse, diluyendo su impacto.
Un escenario incierto
Hoy, a diferencia de procesos anteriores, las elecciones de 2026 se desarrollan en un contexto marcado por un elevado fraccionamiento e indecisión, creando un escenario bastante volátil. Esto no solo responde a la cantidad de candidaturas, sino también a la incapacidad de ciertos sectores políticos para consolidar alianzas.
Como señala Mackelmann, en el escenario actual, la falta de coaliciones o alianzas hace que “se coman los votos entre ellos”. A menos de una semana de los comicios electorales aún no hay un candidato claro, evidenciando su ausencia en un electorado cada vez más polarizado.
En ese marco, el sur vuelve a posicionarse como una región clave, aunque con un comportamiento mucho menos predecible. A diferencia del 2021, donde el voto logró concentrarse de manera más clara, hoy se observa una disputa abierta. “Para que el voto del sur sea decisivo o no, dependerá si se fragmenta o si es en bloque”, recalca Torrado, es decir, una condición que, por ahora, no muestra señales claras.
A ello se suma el impacto de coyunturas recientes. Para Mackelmann, las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte constituyen “un factor nuevo que puede explicar un gran rechazo hacia candidatos que son exitosos en Lima”, sobre todo en las zonas donde hubo mayor movimiento.
En el escenario actual, diversos candidatos han identificado en el sur una región totalmente importante y ello no responde a factores estructurales, sino también a coyunturas específicas, donde elementos históricos se entrelazan con contextos políticos recientes.
Según Mackelmann, se trata de “una combinación de ambos”. Por un lado, “rasgos de cultura política distintos” que impulsan el respaldo a propuestas de cambio y, por otro, factores coyunturales como las protestas recientes y la falta de respuesta frente a estos hechos. Más que garantizar un resultado, el papel del sur en estas elecciones dependerá nuevamente de su capacidad de articularse en torno a una candidatura o, por el contrario, de replicar esa fragmentación que tanto caracteriza al Perú.